El segundo día de las Jornadas sobre Síndrome de Asperger y TEA se centra en la importancia de una atención temprana en el menor.
El Campus Universitario de Ceuta continuó ayer con las Jornadas de Síndrome de Asperger y TEA con el análisis del modelo educativo, la atención escolar a pacientes y familias de la mano de la psicóloga malagueña Pilar Rueda. También se pusieron de relieve no solamente una detección y diagnóstico precoz de los trastornos del espectro autista (TEA) sino también la importancia de una atención temprana. En estas lides se desenvuelve el trabajo de la psicopedagoga Ana María Romero y el psiquiatra infanto-juvenil Conrado Montesinos, de Psicocoach, quienes poseen una amplia experiencia en Ceuta en el tratamiento de menores con autismo.
“El trabajo de psicoestimulación es esencial en los primeros seis años de vida en los que el niño aprende a todos los niveles. Es una etapa que hay que aprovechar muy bien”, destacó Montesinos. Este experto lamentó que algunos profesionales tengan cierto “miedo” a diagnosticar el síndrome de Asperger y TEA, si bien hacerlo cuando se está ante un caso real es “muy importante” para poder actuar cuanto antes.
Los primeros síntomas se manifiestan en los menores entre uno o dos años de edad. Este psiquiatra infanto-juvenil reconoce que hacer un diagnóstico “compromete, es delicado”, porque puede que los padres no asuman lo que le pasa a su hijo. Pero “hay que hacerlo. Es fundamental por necesidad y por empezar con el tratamiento”.
El aprendizaje temprano
Una atención temprana profesional, las labores de psicoestimulación son cruciales para el niño en los primeros años de vida. Los primeros síntomas están relacionados con la interacción social del menor, que no es igual que el resto de menores de la misma edad. En este aspecto, “el primer diagnóstico lo hace la madre”, pues es la que pasa más tiempo con su hijo. La falta de contacto visual y la propia interacción con la madre de un niño con Asperger o TEA son otros signos comunes en estos trastornos.
La psicoestimulación, explica Montesinos, se centra en habituar al paciente a la interacción social, ayudarle a coordinar los movimientos, a reaccionar a las peticiones de las demás personas e identificar los gestos. Este último aspecto es uno de los que más les cuesta a las personas con autismo. “Les cuesta interpretar las emociones en los demás”, indica Montesinos, como por ejemplo, si una persona hace una mueca de dolor, la persona con autismo no sabe interpretar que el otro está sufriendo por algún motivo, tiene que aprenderlo.
Las jornadas finalizan hoy con tres ponencias sobre la inclusión educativo de los alumnos con necesidades especiales, el trabajo de los profesores, el Centro de Orientación ante casos de Asperger y la ley de Dependencia.






