La labor que está desarrollando Cáritas en la atención al necesitado va más allá del típico perfil de pobre que se tiene en mente. Existe una bolsa importante de familias que, por efecto de la crisis, se han visto obligadas a regresar a su tierra, Ceuta, tras sufrir despidos que han llegado incluso sin indemnizaciones debajo del brazo. Buena parte de esas cerca de mil familias que han llegado a la ciudad han tenido que recurrir a los servicios de Cáritas para, sencillamente, poder llegar a final de mes. Les falta dinero para el alimento, para pagar agua y luz o para comprar los libros de los niños en edad escolar. Es un tipo de pobreza que ha tenido que recibir Ceuta y sobre la que la población en general no repara pero existe. La entidad humanitaria ha tenido que redoblar sus esfuerzos haciendo frente a un repunte cifrado en el 30% de atenciones motivadas por la llamada recesión económica. Es, ésta, esa otra visión del pobre que no vemos pidiendo por la calle ni dormitando en los portones pero que está asfixiado por importantes necesidades. Conforman la otra visión de una ciudad que, como las del resto de España, arrastra historias sangrantes y auténticos dramas de quienes han tenido que regresar arrastrando fracasos.





