Categorías: Tribunales y justicia

La muerte de un trabajador gambiano, resuelta con 180 euros

Condenado el representante legal de la empresa en la que operaba tras aceptar una falta de homicidio por imprudencia 6 años después

Seis años después de que E. N., operario natural de Gambia de 37 años de edad, falleciera mientras realizaba trabajos de albañilería en la obra del Hospital Universitario, un hombre resultó ayer condenado en la Sala de lo Penal número Uno de Ceuta en base a la comisión de una falta de homicidio imprudente y pagará por ello una multa de 180 euros. Se trata del representante legal de la obra encargada de hacer el centro hospitalario y su condena fue efectiva tras reconocer los hechos y mostrar conformidad con la pena que para él solicitaba finalmente el Ministerio Fiscal (en el escrito inicial por un delito de homicidio por imprudencia grave se le pedía una pena total de un año y seis meses de prisión así como una multa de treinta euros al día durante doce meses, lo que se traducía en el pago de 10.800 euros).
En la sentencia elevada por la magistrada juez titular del mencionado órgano de lo Penal se contempla el hecho de que si bien la empresa constructora facilitó los medios adecuados al trabajador para proteger su salud, es decir, los artículos precisos para afrontar una obra, tales como mascarillas, cinturones de seguridad o monos de protección, posteriormente no comprobó que el trabajador hacía uso de los mismos y que, por ende, los utilizaba por su propio bien. De tal modo, según entiende la parte juzgadora, y ha quedado probado con suficiente fuerza, el condenado facilitó al gambiano las condiciones óptimas y mínimas para un seguro ejercicio de la profesión pero no comprobó que estos medios fueran utilizados por E. N.
Respecto a los hechos, cabe destacar asimismo que a primera hora del viernes 24 de octubre de 2008, fatídica jornada en la que el operario gambiano falleció mientras realizaba trabajos de albañilería, se produjo una explosión fatal en la obra del Hospital Universitario. Así, el gambiano murió mientras realizaba labores de sellado de pavimento bajo la dirección del acusado en una habitación sin luz natural ni ventilación de 3 metros cuadrados, ‘zulo’ en el que además pegaba baldosas utilizando un pegamento de carácter altamente inflamable, una herramienta de alisado y un foco halógeno portátil, una mezcla que hizo que se produjera una fatal explosión. Luego, las fatales consecuencias: quemaduras superiores al cincuenta por ciento del cuerpo, muerte y ningún familiar que vele al difunto.
Sobre el fallecimiento de E. N., cabe destacar también que finalmente se produjo en el Hospital Carlos Haya de Málaga tras diez largos y penosos días de agonía y que durante las jornadas siguientes se desató una serie de críticas que ponían en duda la seguridad de la obra. En este sentido, el sindicato Comisiones Obreras alzó la voz y señaló que el ritmo de trabajo de la obra era “infernal” y que este era impuesto por subcontratas para aumentar sus beneficios, “lo que lleva a los trabajadores a situaciones límites y, a veces, a la muerte”, consideró esta parte sindical.

El caso de la cruel y dolorosa muerte de un empleado

A diario, las distintas jurisdicciones que operan en nuestra ciudad acogen decenas de casos, litigios que se han de dirimir en la salas de lo Penal número Uno y Dos, de la Audiencia Provincial de Cádiz en Ceuta, del Juzgado del Menor o de las seis de Instrucción y Primera Instancia. Acusados de haber incurrido en delitos de robos, tráfico de droga o contra la seguridad del tráfico, van desfilando personas para responder por la imputación en cuestión mientras los jueces van resolviendo los casos y haciendo Justicia. Pero de toda la montaña de papeles, de todas las cientos de historias que al mes se dirimen en los Juzgados, sólo quedan en la memoria de la mayoría unos cuantos episodios, como es el caso que nos ocupa: un joven natural de Gambia que, trabajando en la obra que concluyó siendo el Hospital Universitario, encontró el peor de los caminos de la vida: la muerte. Cruel y dolorosa, como agravantes. Seis años después, un hombre, el representante legal de la empresa en la que trabajaba, fue ayer condenado, honrándose de algún modo su memoria.

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