Ayer dio por concluida la cuarta experiencia del Proyecto Comenius, en la que los docentes del IES Siete Colinas han sido anfitriones de cinco centros europeos
Con la salida ayer de Eslovaquia y Hungría, abandonaban Ceuta las dos últimas delegaciones de docentes que aún permanecían con motivo de la cuarta experiencia cultural del Proyecto europeo Comenius. Ha sido una semana intensa, con Ceuta como ciudad anfitriona y con la responsabilidad de representar a España ante los cinco países visitantes: además de las mencionadas Eslovaquia y Hungría fueron una representanción docente de Polonia, Turquía y Finlandia.
No dejaba de ser llamativa la presencia de los profesores fineses en Ceuta. Y no solamente por el contraste entre temperaturas. Así lo constató Pekka Ojanen, el día de su llegada: “Salimos de Finlandia por la tarde. Estaba oscuro y hacía un frío que se acercaba a los cero grados”. Esa temperatura, cercana al punto de solidificación, no tiene nada que ver con la fusión ceutí, con el carácter líquido y tendente a la dispersión gasística local. Finlandia es la patria del éxito escolar y Ceuta, la del fracaso. La noche y el día, el hielo y el fuego.
Nada del orgullo que podrían infundir los datos, sino todo lo contrario. “Hemos venido a aprender de Ceuta”, comentó Virpi Ujala, profesora del Pellonpuiston koulu de la localidad finlandesa de Huittinen. Uajala aseguró que el funcionamiento de la ciudad le hace ser optimista con el futuro de Europa. “La tolerancia entre las religiones y las culturas es posible”, declaró antes de informar acerca de la homogeneidad de la sociedad escandinava. “El luteranismo es la religión estatal. Hay minorías, pero no son mayoritarias”.
Sin tener que recurrir a las lecciones de Max Weber acerca de la influencia de las religiones en el la naturaleza de los pueblos, los docentes fineses entraron a dar respuesta a las causas del éxito de la enseñanza nórdica. “Se invierte mucho dinero en educación. Además, somos un país con pocos habitantes y tenemos bajas ratios en las aulas. Nunca se sobrepasan los 20 alumnos”, explicó Hanna Miettinen, la tercera profesora perteneciente a la delegación finlandesa.
Mirándolo de ese modo, son los mismos problemas de los que habla la comunidad educativa ceutí pero resueltos. Inversión, ratios de las aulas y, ojo, el prestigio de los profesores ante la sociedad. “Muchos escolares de nuestro país afirman querer dedicarse a la enseñanza”, reveló Ojanen. “La sociedad le muestra respeto a los docentes, a quienes nos pagan un sueldo que creemos adecuado”, afirmó al referirse al contraste con los docentes de países como Hungría o Eslovaquia, compañeros del programa Comenius, necesitados de labores suplementarias para llegar a fin de mes. ¿Y de las tasas de suicidio de Escandinavia? “Nada tiene que ver la educación con la felicidad”, advirtió Ojanen.






