No soy madre, pero sí hijo por lo que aún sabiendo que cualquier explotación animal es en sí injusta, independientemente de que yo la sienta más o menos o que las víctimas tengan o no vínculos afectivos saber que algo resultante de la relación entre una madre y sus hijos, se utilice para satisfacer intereses económicos o culinarios, me parece una de las consecuencias especistas más dolorosas de digerir. Las consecuencias del consumo humano de leche para las madres vacas y sus hijos son muchísimas y les afectan tanto física como psicológicamente. Sé que nuestra intención no es hacer daño a nadie pero el problema es que desde pequeños se nos han inculcado una serie de mentiras como que las vacas nos dan leche. No podemos negar que verdaderamente no nos la dan, se la robamos, no solo a ellas, también a sus hijos. Es sorprendente la sociedad en general, nos hacen ver a la vaca como una máquina de producir leche cuando en realidad como cualquier madre, ésta crea la leche con el fin de alimentar a su hijo o hija. Como cualquier hembra mamífera, incluida la humana, antes de producir leche (quitando embarazos psicológicos) tiene que quedarse embarazada y parir, así que normalmente si todo marcha según lo previsto, amamantará a su retoño hasta que acabe la época de lactancia; en ese momento dejará de producir el alimento para su bebé. Todo esto ocurre igualmente en la vaca sin la intervención del ser humano por lo que es un bulo que por el bien de ésta, tenga que ser ordeñada. Entonces… ¿Si me bebo la leche de otra madre, no se la estoy quitando a su hijo? ¿Dónde va a parar éste? ¿Qué hacen para que una madre esté produciendo continuamente leche? ¿Por qué nunca me he planteado esto? La razón por la que no nos lo planteamos es porque desde pequeños nos alienan para no verlo o nos insensibilizan si nos lo planteamos. No se trata de culpar ni a nuestros padres, médicos, maestros o medios de comunicación pero sí de reflexionar y sacar nuestras propias conclusiones de manera objetiva. Todos nosotros crecemos influenciados por distintos ambientes especistas. Llegando a pensar que “la vaca es un recurso que nos da leche” porque es necesaria para nuestra salud y por lo tanto imprescindible en nuestra dieta. Todo falso. Por otro lado, los medios de comunicación nos bombardean con esta idea y los anuncios de productos lácteos, nunca sacan la realidad que esconden sus granjas o mataderos, todo lo contrario hacen esfuerzos en promocionar paisajes idílicos, verdes prados y vacas contentísimas. Un claro ejemplo de mensaje subliminal es la marca “la vaca que ríe”. Créanme, las vacas explotadas por su leche, están muy lejos de la felicidad. Como he dicho antes cuando se ve a alguien, en este caso una vaca, como un recurso con la que beneficiarnos, los intereses de ésta nunca van a tenerse en cuenta ya sea en una granja ecológica, intensiva, extensiva o mixta. La práctica generalizada sin entrar mucho en detalles particulares de su explotación y sufrimiento, es que primero tienen que ser privadas de libertad (con mayor o menor espacio) a las hembras se les embaraza artificialmente para que tengan crías. La leche destinada a sus bebés será robada para satisfacer una demanda humana por lo que tarde o temprano serán separadas de sus hijos. Esto es especialmente doloroso para ambos. Después de esto muchas vacas, dejan de comer, llaman continuamente a sus pequeños e incluso se conoce un caso en el que una de ellas pudo escapar y recorrer varios kilómetros para encontrarse con su cría que había sido vendida en una subasta. Las vacas no son las únicas perjudicadas. A sus hijos si son machos se les envía al matadero donde serán degollados a los pocos meses de vida. Las hembras formarán parte del proceso productivo de esclavitud, obligadas al igual que sus madres a tener hijos una y otra vez. Enganchadas a unas máquinas que succionan sus pezones para extraer la leche que será enviada a los supermercados. Nos podemos imaginar lo agotador y doloroso de este proceso que se repite incesantemente pero por si fuera poco, todas ellas, una vez dejan de ser productivas se envían al matadero. Después de ser disparadas con una pistola, aún conscientes serán colgadas de un gancho por las piernas donde morirán lentamente desangradas por un corte en el cuello. Escribirlo, leerlo o incluso verlo es una cosa pero sentirlo es algo que solo ellas experimentan. Una imagen que no puedo quitarme de la cabeza es la de dos vacas esperando a ser asesinadas en el túnel de un matadero. Cuando se abre la puerta y llega el matarife ambas intentan retroceder pero les es imposible debido a las dimensiones del túnel. Para que la primera entre al matadero, se le electrocuta con una pistola. A la segunda le aguardará una espera angustiosa. Escucha los gritos de su compañera al otro lado de la puerta mientras intenta darse la vuelta desesperadamente, sus ojos trasmiten pánico y su cuerpo tembloroso cae al suelo después de ser asesinada al igual que su compañera. En este caso no se ve sangre, no hay demasiada violencia pero si podemos hacernos una idea certera de los campos de concentración que hemos creado para el resto de animales "En nuestro comportamiento hacia los animales, los seres humanos somos nazis" (Isaac Bashevis Singer, Premio Nobel de Literatura, descendiente de víctimas del holocausto). Es la triste realidad y cuanto antes la asumamos, antes nos libraremos de ella porque ahora viene lo mejor… ¿Qué puedes hacer tú? Puedes empezar desde hoy a salvar vidas. Solo tienes que dejar de comprar productos de origen animal y sustituirlos por productos vegetales. El calcio se obtiene perfectamente de origen vegetal y existen en el mercado bebidas de soja, avena, arroz y otros productos con los que elaborar muchísimas recetas. Puedes informarte, reflexionar y no participar en el holocausto animal. Tú decides…





