Los trabajos estarán cofinanciados entre la administración estatal y la autonómica, y la inversión se fijará a través de un convenio cuyos flecos están fijándose. Por ahora, el área de Patrimonio se muestra cautelosa y baraja varios presupuestos según el dinero que el Estado esté dispuesto a aportar. En cualquier caso se impone el criterio de austeridad y la inversión total, entre las dos administraciones, no superaría los 60.000 euros, y seguramente será menos.
Los trabajos no podrán comenzar antes de otoño. Después de la firma del convenio entre Estado y Ciudad Autónoma, deberá pasar por el Consejo de Gobierno. Luego, deberá abrirse un expediente de contratación, por el que se adjudicará a una empresa la tarea de explorar los fondos marinos de Ceuta.
Antecedentes
La última carta arqueológica submarina procede del año 2008, y fue realizada por la empresa ‘Nerea’, de Málaga, una de las pocas especializadas en arqueología subacuática. Algunos puntos interesantes que se descubrieron fueron la zona de Punta Almina, de Monte Hacho, o del Puerto Exterior. Aunque, por motivos de seguridad, esta carta no está publicada.
Antes de ello, en el 2000, se realizó una carta arqueológica y otra bionómica con una tecnología de barrido lateral, que daba una imagen del fondo marino hasta 150 metros de altura y permitía delimitar qué zonas tienen interés.
Mucho antes, en los años 80, se publicó la carta arqueológica de Juan Bravo, lo que se puede considerar el primer gran estudio sobre el fondo arqueológico marino de Ceuta.
La zona norte de Ceuta, al tratarse del lugar de paso de casi todas las embarcaciones a lo largo de la historia, presenta una riqueza arqueológica submarina que resulta necesario documentar, principalmente por dos motivos. El primero, para prevenir posibles expolios, especialmente en una zona en la que se han hallado restos desde la época fenicia. El segundo, saber en qué zonas no se podría actuar si fuera necesario, por ejemplo, realizar un dragado para regenerar la arena de una playa.






