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La Batalla de Alarcos, un descalabro para las tropas del Rey Alfonso VIII (y II)

Por Redacción
27/10/2013 - 09:33

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El Rey castellano que conocía, por las campañas de Huete y Santarem, el escaso empuje combativo de las abigarradas fuerzas almohades, despreció el imponente número de fuerzas enemigas y decidió provocar la batalla campal. Alfonso VIII ordenó salir armados y provocar la campaña. Pero, el Sultán almohade decidió rehusar el combate y dar descanso a sus tropas. El Ejército castellano estuvo desplegado desde el amanecer hasta el mediodía, que volvieron a su campamento pensando que los musulmanes no se atrevían a luchar, fatigados por el peso de las armas y la sed, de un caluroso 17 de Julio.
Los almohades se prepararon para la batalla alrededor de media noche y muy de mañana aparecieron súbitamente en el mismo campo que el Rey castellano había ocupado el día anterior, a tan sólo dos tiros de arco o menos. Era el 18 de julio de 1195.
La Batalla
Alfonso VIII estimó que su caballería acorazada rompería las formaciones enemigas en toda su profundidad. Inició el ataque, una hora después del amanecer, contra el centro enemigo por oleadas sucesivas, en formaciones cerradas y en perfecto orden, desde arriba abajo.
Pusieron en fuga a los contingentes de voluntarios de la fe, gentes poco aguerridas, pero sufrieron los terribles efectos de la táctica del torna-fuye de la caballería árabe, que maniobró con facilidad sobre la llanura manchega, causando desorden y grandes pérdidas; agravadas por la superioridad de arquerosy de la innumerable cantidad de flechas lanzadas que frenaron sus acometidas.
Seguramente el nombre Llano de Hierro, dado por los cronistas árabes, del campo de batalla sea por este motivo.
La caballería castellana cargó por tres veces, y a pesar de que llegó hasta las banderas del centro almohade, logrando apoderarse de algunos estandartes y matando a su jefe Alí Yahya, no consiguió romper las filas almohades. En ese momento, volvieron la espalda y huyeron a la colina donde se encontraba el Rey para defenderse en ella. Al-Mansur, por su parte, emprendió un movimiento envolvente por el ala derecha, interponiéndose entre los fugitivos y la colina. El Rey castellano viendo a los suyos caer en la batalla y dándose cuenta que no podría sostener su posición, se retiró del campo.
La persecución fue corta porque los cristianos se acogieron al Castillo de Alarcos, y porque los musulmanes rodearon el mismo, pensando que el Rey Alfonso se había fortificado en él, impidiéndole explotar con mayor profundidad el éxito. Pero, Alfonso VIII había entrado por una puerta y salido por otra, continuando su retirada hasta Toledo.
Los almohades tomaron Alarcos, Guadalferza, Malagón, Benavente, Calatrava y Caracuel. Hicieron también gran cantidad de prisioneros y botín de mujeres, niños, armas, acémilas, provisiones y pertrechos.
Parte de los cautivos cristianos trabajaron en la construcción de la gran mezquita de Salé, y liberó a los que habían capitulado en el castillo de Alarcos, aunque posteriormente el sultán al-Mansur se arrepintió por haber dado libertad a los prisioneros de Alarcos, que no dejarán de procurar vengarse.
Conclusiones
Alfonso VIII cometió dos errores importantes, despreciar el valor combativo del más numeroso ejército enemigo, y no esperar los refuerzos que venían de camino y acometer contra el punto más fuerte del enemigo desgastándose sin conseguir romperlo.
La superioridad del empleo masivo y eficaz del arco sobre las formaciones cerradas de la caballería pesada, quedó patente en esta batalla. Superioridad que los tratadistas sajones quieren llevarla, como sorprendente hito en la historia militar, a la Guerra de los Cien Años (batalla de Azincourt 1415), cuando los arqueros ingleses batieron a los caballeros franceses.
La frontera castellana retrocedió hasta la ribera del Tajo, y en los dos años siguientes los almohades realizaron profundas operaciones de castigo por tierras castellanas, sin que los castellanos osaran cerrarle el paso. La Reconquista se retrasó 17 años.
La Orden Militar de Calatrava quedó diezmada y perdieron su solar.

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