El Colegio de Abogados conmemoró este miércoles el Día de la Justicia Gratuita en lo que supuso una llamada a la situación en que se encuentra el sector. De la Justicia solemos hablar demasiado, casi siempre errando en consideraciones hacia unos profesionales que han terminado por acostumbrarse a un turno de oficio que cobran mal y tarde.
Fíjense que quienes se encargan de ofrecer defensa son los que no tienen quienes les amparen cuando arrastran meses y meses sin percibir el dinero por un trabajo realizado. Resulta incongruente pero esto pasa y esto ocurre porque el Ministerio de Justicia lo permite.
No solo no deberían producirse esos desprecios al colectivo sino que tendrían que actualizarse unos cobros nada justos. En el turno de oficio hay 122 profesionales que consiguen llevar la justicia a quienes carecen de recursos para abonarla.
Y lo hacen con la misma entrega que con cualquier otro cliente. No me lo invento, lo he visto en muchos casos en los que letrados y letradas se han dejado la piel por un cliente llegado de oficio de la misma manera que si estuvieran ante uno particular.
Y eso sin contar los casos difíciles, esos que nadie querría pero que deben obtener una defensa igual que cualquier otro. Ante estos asuntos hay hombres y mujeres que se colocan la toga y le echan lo que hay que echarle para ofrecer su mejor versión en la fase estelar del procedimiento que supone la celebración de un juicio oral.
Tener respeto hacia un colectivo pasa, primero, por mantener unas mínimas condiciones laborales. La Administración demuestra una desatención clara cuando genera retrasos, no da recursos suficientes y no dota de los medios a un sistema de justicia gratuita que es todo un privilegio para una sociedad democrática en la que pueda creerse eso de que todos somos iguales ante la ley, siempre claro que tengamos quien nos defienda.






