Julio de Antón López ha recogido en su libro 'Semblanzas de un Educador' la experiencia que le tocó vivir como docente de quien hoy es Rey de España. Ayer analizó el contenido de su obra de la presentación que llevó a cabo en la Biblioteca Pública Adolfo Suárez.
De Antón fue nombrado profesor de don Felipe de Borbón en 1976 y durante nueve años continuó asumiendo esa responsabilidad. En su libro recoge sus vivencias, incluidas las personales. "Hay algunos cosas muy bonitas y muy delicadas que nunca se ha sabido de ellas. Creo que llamarán la atención", explicaba el autor antes de iniciar la presentación.
Ahora, cuando echa la mirada atrás y revive aquellos tiempos, recuerda que "lo pasó mal" tras ser designado por los Reyes para colaborar en la educación del Príncipe de Asturias. "Pensaba que no tenía atributos suficientes para poder educar y formar a un crío que cogí con nueve añitos", confesaba ayer, "las primeras experiencias mías fueron de fracaso en fracaso, hasta que ya le cogí el tranquillo".
Ha pasado el tiempo, pero aún mantiene el contacto con el que fue su alumno, aunque no para darle consejos, ni siquiera en la educación de sus Infantas.
Sencillez y cercanía
De Antón se muestra especialmente satisfecho de que el Rey sea una persona sencilla, cercana a la gente y tolerante. Se consiguió así formar a un Príncipe "normal", lo que no era tan habitual en aquella época. Para ello su preceptor hizo uso, además de sus conocimientos curriculares, de la experiencia adquirida en otras áreas como el deporte, la educación de menores delincuentes, personas disociales... Fue mucho trabajo y esfuerzo que mereció el reconocimiento del rey Juan Carlos. "Tengo varias citas suyas. Además, cuando me nombraron secretario de la Comisión Interministerial, me felicitó personalmente", recuerda el autor del libro entre otros "detallazos" del hoy rey emérito.
Además, el don Juan Carlos ha sido una de las primeras personas en leer su libro. "Le mandé otro libro en el año 2010. Ése tenía más paginas que éste e incluía muchas vivencias mías, hasta un cáncer cerebral que padecí", recuerda. Aquello era un primer borrador. El entonces Rey aseguró que le había gustado, pero en esa época ya eran evidentes los problemas con la reina. "Entonces me comentó algo así como que esperara a sus observaciones, entre comillas", señala De Antón, que ha esperado hasta 2016. Finalmente quitó lo que consideró que podía molestar al entorno de la Zarzuela y lo publicó. Asegura que cuenta con el beneplácito del anterior monarca.
En las páginas de su libro recoge sus recuerdos como educador del Príncipe de Asturias. "Es una experiencia que no se la recomiendo a nadie porque es... Algunas veces salía de Zarzuela y veía a los guardias que tenían su mosquetón y me quería cambiar por ellos. Era una labor agotadora. El niño venía con sus problemas y tenía que solventárselos. Menos mal que tenía respuesta para todo", recuerda. Ni siquiera pasado el tiempo se atreve a recomendar una responsabilidad así. "Hay que tener mucha fuerza y entereza", asegura.
El Príncipe Felipe, un niño molecular
"Era más bien un niño molecular", así define De Antón a quien fue su alumno durante casi una década. "Era un buen escuchador y luego tenía todo de todo. Es decir, no era bueno en física, ni en matemáticas... Era bueno en todo, no en una asignatura específica. Iba a todo. Gracias a eso tenemos un rey para rato", considera el autor del libro.
Su trabajo consistió en "modelar un cuerpo y una mente", resume De Antón, "dotarle de toda la maduración porque es la que da el matiz diferente". Y precisamente de eso es de lo que está más satisfecho. Recuerda que don Felipe hizo una serie de normas para un campamento donde decía: "somos limpios, respetamos la naturaleza, somos tolerantes y vamos hacia Dios porque él es el personaje más importante de nuestra vida".






