Una copla muy andaluza dice: “El día de Reyes un niño no quería sus juguetes, quería que le diera un beso su madre que partió en la noche”.
Ese es nuestro gran personaje que cuando apareció de la nada fue como un alma que quería el bien para sus compañeros. Desde su pasión por la justicia, el intentar buscar lo mejor para los suyos, desnudar una sociedad de cuadriculados que solo querían la gloria con su dictadura.
Pero con este personaje, más otras piezas más pequeñas, fueron montando el puzzle tan complicado como hacer una Guardia Civil moderna y llevada a la sociedad de hoy.
Una asociación donde lo principal es ayudar en los conflictos entre los jefes y esos números de la Guardia Civil que antaño servían con una lealtad del temor a ser despedidos, expulsados por telegrama. A solo pensar en la voz del jefe, ya que los mandados solo eran tentáculos de aquel mariscal.
Pero hubo detenciones, gente que depositaron sus huesos en la "trena" defendiendo a las personas que estaban en la calle indefensos, sin un algo que les pudiera defender de las injusticias.
Desde pensar que tenían estos trabajadores del Estado una familia, y que deseaban estar con ellos el tiempo necesario hasta buscar sus derechos, comparando con otros que tienen el mismo menester hasta hoy, ha costado mucho, de pensamientos, guerras, publicaciones, miedos al día de mañana, pero el hoy es una bella semblanza con un pasado donde la esclavina, la capa salía de sus casas, y un beso de los suyos inducía a una esperanza de verlo algún día. Esos interminables servicios donde la noche se empalmaba con el día, y nada de rechistar ya que podía dar con una salida de la Institución por la puerta de atrás y sin ningún tipo de derechos.
Hoy por hoy se ha conseguido un mundo de ilusión, de unos intereses velados por gente que han llegado a ser, para nuestros ojos, unos Dioses, ya que se han enfrentado con el sistema y han vencido al yugo, a la guerra de soberanía.
Y ahí está una majestad, un hombre que se va por la edad a una nueva situación, la de una merecida jubilación por cumplir esos añorados años que muchos deseamos, y que él ha llegado, con todos los aplausos de sus seguidores, amigos, compañeros, y deseándole que su nuevo estado le venga como un merecido descanso.
Ahora estaremos huérfanos de esos instantes donde tus consejos, tus ayudas, tus minutos quitados de tu familia, quedan allí en ese saco de recuerdos que te llevará fuera de nuestro Cuartel, de nuestro curro diario, y donde deberías estar representado como muchos otros en una losa de tu casa que fue y será siempre.
Un gran abrazo querido y estimado Juan Amado.







ETERNAMENTE AGRADECIDO COMPAÑERO.
UN ABRAZO
Un monumento les teniamos que poner a la entrada de la Comandancia a mi querido y estimado Juan Amado