Viajar en tren por India es una experiencia única y si no reservas los billetes con algo de antelación puede llegar a ser bastante incómodo, pero también emocionante. Nunca sabes con quien te vas a cruzar o a quien conocerás, dejar fluir, que el Universo marque tu camino de vez en cuando hace el viaje más autentico. El trayecto desde Jaipur a Jaisalmer es largo pero bañado de paisajes espectaculares que no os dejará apartar la vista de la ventana y, si salís por la tarde seréis testigos de una puesta de Sol inolvidable.
Sueño con ir a la ciudad dorada de Jaisalmer desde hace más de veinte años, la ciudad más al oeste del Rajastán, la puerta al desierto del Thar. Las fotografías no hacían justicia a sus murallas, a sus calles inundadas de arena por la cercanía con el desierto, es imposible sentir el calor de mediodía que baña de oro sus edificios y que mimetiza la ciudad con el árido ambiente.
Intentad ir en temporada baja, cuando el turismo no sea excesivo, y podréis viajar con vuestra imaginación a través del tiempo, al compás de sus edificios. Jaisalmer tiene muchos monumentos que ver. ‘Sonar Quila’, la fortaleza dorada en bengalí, es el bastión que domina la ciudad desde lo alto, para llegar hasta ella tendrás que andar callejeando mientras subes una larga cuesta, llena de puestos por el camino donde comprar, ropa, telas, especias y cuadros entre muchas cosas. Un gran arco os dará la bienvenida al fuerte pero una vez entréis os daréis de bruces con la realidad y la gran fortaleza perderá su encanto por la cantidad de puestos de suvenires que pululan entre sus callejuelas. El truco para volver al pasado es que miréis hacia arriba, a sus ornamentados arcos, a sus ventanales y figuras de otra época y volveréis a estar en sintonía con vuestra imaginación. Ojos que no ven…corazón que vuela.
Dejad vuestras huellas caducas entre sus estrechas calles, compraros un turbante y protegeos de la arena que el viento os lanza insistentemente, llegad hasta los límites de la ciudad y disfrutad del lago Gadisar y las ricas edificaciones que las orillan, andad sin prisas entre ellas y dejaros envolved por los susurros del viento entre sus columnas. Refrescaos en las escalinatas que dan al lago que, antaño y hoy en día, hace de embalse para el agua que las escasas lluvias dejan sobre la ciudad dorada.
El desierto del Thar es la frontera natural entre Pakistán e India que ofrece el Rajastán. Si habéis llegado hasta Jaisalmer os sugiero que os hagáis unos cuantos kilómetros más en todoterreno y luego, donde no llega el 4x4, avanzad en camello hasta las eternas dunas del Thar.
Pocas experiencias son comparables a dormir en el desierto, sin jaima ni ningún tipo de comodidades. Una manta, una hoguera, un té masala y la Vía Láctea sobre mí, no necesito más. Sentirme tan infinitamente pequeño me hizo ver las cosas con otra perspectiva. Nada permanece, ni siquiera éste mágico momento que también se perderá en el tiempo. Solo el Amor perdura, el que nos dan y el que seamos capaces de dar. El sostén del Universo.
Cuando los astros se alinean, cuando la suerte es oportuna y no te es esquiva la fortuna, cuando tu hilo rojo tiene mil bifurcaciones y todos llevan al mismo lugar, entonces de poco importa las malas vibraciones, las contrariedades o la maldad, cuando Dios te empuja, el viento es tu voluntad.
Jaisalmer es un tesoro escondido entre arenas, una ciudad protegida por un velo invisible que el tiempo no ha podido tocar. En su conjunto es verdaderamente atractiva, algo distinto que se sale de las rutas establecidas y que no os dejará indiferente.
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