Ahora estoy inmersa en defender lo que demasiados intentan ocultar; la pregunta que cabe hacerse es ¿por qué hay tanta gente que no se ha parado a valorar la dimensión del quehacer del pasado, presente y futuro de lo que está pasando en nuestra ciudad? En cuanto al pasado, nada podemos hacer, pero sí recordar cómo a finales de los años 80 oía a ciertos políticos de nuestra ciudad decir eso de “Dejad que construyan viviendas ilegales en el Príncipe, mientras no bajen para el centro”; verdaderamente una frase lapidaria a la que tras el pasar de los años es mejor no hacer objeción. Pero lo peor lo oí muy recientemente “Mientras se maten entre ellos”, y tampoco entraré a valorarla para eso están ustedes señores lectores.
Respecto a la pregunta anterior solo hay tres respuestas posibles que puedan dar un sentido al hecho de lo que está ocurriendo en nuestra ciudad. En primer lugar, los ciudadanos están hartos de tanta crueldad, de tantas injusticias, de tanta inseguridad ciudadana… Hasta el límite de que se han acostumbrado a vivir con ellas, son parte de la vida que les ha tacado vivir “¡pero que poco vale una vida!”. En segundo lugar, existen en nuestra ciudad dos sociedades, los que no tienen nada y los que se aferran a muchas cosas, entre los corruptos y las víctimas de la corrupción, entre los que mandan y los mandados, en definitiva, entre los de arriba y los de abajo. En tercer lugar pero no menos importante, la ineficacia de los gestores. Para ser un buen gestor deberían atender este consejo: Un maestro recibió un día la visita de un joven que quería convertirse en su discípulo. Comenzó pues la enseñanza y así fue la primera lección.
El maestro le dijo al discípulo: “Vete a pasear por el cementerio e insulta a los muertos; escucha bien lo que te responden y luego vuelves a informarme” El joven, obedeciendo fue al cementerio y comenzó a caminar entre las tumbas insultando: ¡nunca los muertos del cementerio habían oído algo semejante! Pronto, cuando se le acabo la inspiración, se detuvo para escuchar la respuesta: nada.
De vuelta con su maestro, tuvo que confesar que sus injurias no habían tenido efecto alguno, los muertos no habían reaccionado. “Oh, dijo el maestro, quizás pensaron que tus insultos no merecían respuestas. Volverás al cementerio, pero esta vez, deberás elogiarlos. Ahora, sin duda te responderán”. El joven regresó al cementerio, cambió de tono y lanzó a los muertos palabras muy halagadoras. Pero de nuevo nada, el silencio. Verdaderamente muy decepcionado y sintiéndose culpable por no haber sido lo suficientemente elocuente, el joven regresó al lado de su maestro: “Tampoco han reaccionado”, le dijo. El maestro le contempló sonriendo “Pues bien, aprende que tú debes ser como ellos: Aunque te maldigan o te alaben esto no debe afectarte, no respondas” Pero vosotros ni sois maestros, ni estáis muertos. Así, que actuar que para eso fuisteis elegidos mediante Sufragio Universal para defender los intereses generales de todos los ciudadanos de los que no tienen nada y de los que se aferran a muchas cosas.





