Opinión

Investigar para nada

Estamos en pleno periodo de acreditación de los méritos de investigación en las universidades españolas. Los investigadores están como locos buscando sus últimos méritos. Las empresas especializadas en la preparación de los denominados sexenios de investigación, están al máximo de su capacidad. Ya no admiten más peticiones. Son empresas que se dedican a rastrear el currículum de los investigadores y a ver cómo cuadran sus méritos con las exigencias, cada vez más duras, de las Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI).

En un artículo de Nuño Domínguez en El País, se denuncia que la Ciencia vive una epidemia de estudios inservibles. Ha sido muy oportuno ya que en el mismo se informa de que científicos de EEUU, Reino Unido y Holanda denuncia que la investigación está perdiendo parte de su credibilidad a consecuencia de determinadas prácticas, conocidas y consentidas por la comunidad científica, que no sirven mucho para poner en valor la ciencia.

Nos cuentan, por ejemplo, que a Newton o a Galileo no les bastaba con hacer sus descubrimientos, sino que debían repetir sus experimentos delante de todos sus colegas, los cuales los repetían por su cuenta antes de quedar completamente convencidos. Es lo que se denomina principio de “reproductibilidad”, que ha sido fundamental para el avance de la ciencia.  Precisamente a cuenta de esto, en dicho artículo se nos informa de que un grupo de investigadores de EEUU, Reino Unido y Holanda han firmado un manifiesto para que la ciencia recupere parte de la credibilidad y fiabilidad perdida. Dicho manifiesto ha sido firmado a raíz del descubrimiento, a través de estudios realizados para comprobar que se respetan las reglas de la buena ciencia, de que, por ejemplo, el 85% de los estudios de biomédica se acaban desperdiciando, a consecuencia de que nunca llegan a aplicarse, o de que los experimentos no están bien diseñados.

Pero hay más. En 2013, el médico e investigador de la Universidad de Stanford (EEUU) John Loannidis, publicó un estudio en el que se revelaba que hasta el 95% de las publicaciones pueden ser “falacias sin rebatir”. En un sentido parecido, una encueta de la prestigiosa revista científica Nature desveló que el 90% de los científicos reconocían que había una crisis de reproductibilidad de ciencia. Por ejemplo, la mayoría de estudios no dan acceso a los datos brutos en los que se basan las conclusiones, por lo que no es posible comprobar la veracidad de los mismos.

Asimismo, investigadores como Juan Lerma, del Instituto de Neurociencias de Alicante, reconoce que muchos científicos tienen un conocimiento estadístico limitado, por lo que se publican demasiados estudios sin los adecuados controles técnicos para garantizar su veracidad. Sin embargo, se denuncia que parte de la culpa es de las propias revisas científicas, que “prefieren publicar resultados inesperados, novedosos o espectaculares, que generan mucho ruido e impacto, antes de asegurarse y verificar sistemáticamente la fiabilidad de los mismos”.

Pero ¿qué hay detrás de todo este despropósito? Pues fundamentalmente son intereses económicos y corporativos. Económicos, porque el hecho de tener o no tener un sexenio de investigación supone un plus salarial mensual para el investigador. Pero también, y esto es lo más importante después de la reforma del ex ministro Wert, porque el no tener un sexenio de investigación actualizado implica que el profesorado tiene una carga docente de 8 créditos más al año. Como también esta normativa se le aplica a los profesores contratados (en esto están de acuerdo los rectores y rectoras “progresistas” y “conservadores”), el ahorro en contrataciones es notable. Corporativos, porque aquellos departamentos y grupos que tienen muchos “sexenios”, se ven favorecidos en todas las peticiones de proyectos que hacen.

Y en todo este galimatías, la Universidad de Granada es especial. Por una decisión que se tomó hace tiempo, el tener o no un sexenio de investigación, le supone al investigador, además de todo lo anterior, poder dirigir tesis doctorales, o ser considerado para determinados proyectos. También poder tener acceso al traslado entre Campus.

Es decir, en la Universidad de Granada, como en algunas otras, tener un sexenio de investigación significa que eres un profesor “pata negra”. Y esto te acredita para entrar en el Olimpo de los investigadores. Si no es así, estás condenado a ser un profesor de segunda división. No importa si tus investigaciones son útiles para la sociedad, o si eres mejor o peor docente. Lo que cuenta es que hayan sido publicadas en las revistas internacionales indexadas en el Journal Citation Reports (JCR).

Una extravagancia más de esta sociedad hipercompetitiva que nos ha tocado vivir, que tanto “conservadores” como “progresistas” apoyan.

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