Tres altos cargos de Ingesa en Ceuta tendrán que prestar declaración el próximo seis de febrero. Esta vez su testimonio es requerido tras la apertura de diligencias previas a raíz de la denuncia interpuesta por un radiólogo por un presunto delito de infracción dolosa de las normas de prevención de riesgos laborales.
El profesional alega que la institución no ha impulsado ni efectuado la instrucción necesaria para el manejo de la máquina de resonancia 3 Teslas, una situación que ha derivado en su baja médica por problemas de salud mental.
Asimismo, el sanitario traslada en su versión de los hechos que la decisión de la adquisición de este aparato fue en contra de su perspectiva como médico y que informó cuáles eran los motivos por los que, a su juicio, era más recomendable adquirir un equipo con otros rasgos.
Al consultarle su opinión al respecto, indicó que no era aconsejable al precisar de facultativos con una formación muy específica. Este suceso, al igual que otros relativos a la cuestión, está reflejado en el escrito oficial presentado al que ha tenido acceso El Faro.
La piedra angular de su exposición de lo acaecido es, desde su visión de lo ocurrido, la ausencia de un aprendizaje que le permitiera desarrollar su actividad con el nuevo instrumento de un modo completamente confiable. Es también la causa que ha derivado en el inicio de un procedimiento y a la citación de los involucrados, tal y como desprende el documento judicial consultado por este periódico. El afectado menciona que, desde que tuvo conocimiento de la futura incorporación del dispositivo, reiteró en varias ocasiones la necesidad de una enseñanza y reciclaje previos a su puesta en marcha, en especial, por haber pasado muchos años sin informar sobre resonancias de alto campo. Señala que, por ello, su competencia en esta modalidad es “incompleta”, lo que podría comprometer la seguridad de los pacientes.
La solución propuesta por el especialista en aquel momento fue la planificación de una estrategia para ejecutar estudios sobre esta materia con asistencia rotatoria en hospitales con características similares al HUCE. El radiólogo narra que, al no ser programada la instrucción, se vio en la tesitura de solicitar su asistencia a algún centro de referencia donde pudiera, por turnos, obtener estos conocimientos. Esta inquietud la reveló en tres ocasiones en textos dirigidos a dos altos puestos de la institución e incluso a un representante sindical.
Finalmente, esta no se llevó a cabo por problemas de organización y por estimar como inviables las propuestas formuladas, según plasma su relato. Al mismo tiempo que manifestaba esta preocupación, se daba “la exigencia” de emitir informes con esta máquina. A ello habría que sumar que, acorde a su perspectiva de los hechos, no se le hizo partícipe de decisiones de calado a pesar de su interés en el tema.
Al hilo de su versión, la formación se suspendió y se dio finalmente una fecha para comenzar de manera rutinaria a realizar pruebas con este aparato. El denunciante, de nuevo, destacó que la plantilla no estaba lista para esta labor. Sin embargo, se le instó a asumir esta función.
Más tarde, la empresa comunicó la posibilidad de lograr esta enseñanza en un clínico fuera de Ceuta en el mes de abril o mayo, una opción que quedó pendiente de confirmar. Mientras tanto, el facultativo remarca que ofertó otras alternativas e incluso mostró su disposición para remediar esta carencia.
Puntualiza que se dio una reunión para tratar de solventar este asunto. Esta no tuvo éxito y, tras su celebración, desde Ingesa se redactó un escrito en el que la institución se exculpó de lo acontecido, según el médico.
Finalmente, el sanitario tuvo que hacer diagnósticos con esta herramienta bajo el temor recurrente de cometer errores, tal y como subraya en su testificación. Asegura que hacía sus intervenciones a conciencia. Aun así, en ocasiones, su mente quedaba plagada de muchas dudas en cuanto al manejo del equipo.
El profesional suscribe en el texto que el empleo de esta tecnología en dicha circunstancia le provocaba “angustia”. Poco a poco ello socavó y agravó su estado de salud mental, lo que empeoró cuando afloraron una serie de rumores que apuntaban a que los radiólogos no querían recibir aprendizaje.
Su monotonía dio un vuelco cuando, una mañana, al ir a desarrollar uno de estos exámenes, se sintió abrumado. El caso que tenía frente a él era difícil y tampoco contaba con planificación previa ni suficiente conocimiento para su ejecución.
Las palpitaciones, la taquicardia y la visión borrosa se apoderaron del especialista, un episodio tras el que su bienestar decayó hasta desembocar en su baja. El incidente fue reconocido por la Seguridad Social como una contingencia laboral, conclusión que fue rechazada por el servicio de prevención, tal y como revela en su testimonio.
A su vez, indica que existen informes que acreditan su situación y que dio resultado positivo en el test de ‘burnout’ al que se sometió. Relativo a esta cuestión, expresa que, antes de la compra de la máquina, se le alertó de la intención de emplearla para revertir la externalización de las pruebas.
Al saber sobre este fin, advirtió que, según su criterio, la potencia del imán no lo convierte un instrumento idóneo , sobre todo, por las restricciones que este implica a la hora de atender a ciertos pacientes en comparación con el aparato que recomendó utilizar en su lugar.
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