La cueva siempre estuvo ahí al igual que sus 900 tesoros. A pesar de que desde hace años estaba a ojos de todos, hasta este recién pasado 2025 no se ha recogido toda la riqueza patrimonial que esconde este rincón en Tarifa. El artífice de la recopilación y estudio de sus vestigios es Hugo de Lara, arqueólogo nacido en Ceuta.
-¿Qué es lo que se ha hallado exactamente en Atlanterra?
-No es una cueva que haya sido descubierto. De hecho, estaba en una urbanización. Por ella pasaron varios investigadores a partir de los años 70, pero ninguno de ellos la estudió en profundidad. Como pasa en muchas ocasiones, como es algo que está cerca, finalmente se le resta importancia.
El director mi tesis ha estado por allí. Durante los 90 había llevado a cabo una serie de campañas de investigación. Él sí que había recabado fotográficamente lo que contenía en su interior. Se tiene esa documentación, pero no se analiza porque hacerlo es complejo, sobre todo, con tal volumen de restos.
Evalué monográficamente toda esa información y observé si se daban conexiones o paralelismos con otras cuevas. A medida que ahondaba en ello e identificaba motivos que no habían salido antes, recogí en total hasta 900. Son muchísimos para una estación rupestre tan pequeña. Normalmente se encuentran entre diez y quince.
-¿Ha sido difícil llevar a cabo esta labor?
-Sí, es muy complejo. La investigación prehistórica lo es en sí. Gracias a Dios en el presente se dispone de software y otras herramientas que facilitan ver lo que hay en una fotografía en la que no se ve nada a simple vista en la que quizá ni se ve nada. Al usarlas, aparecen las imágenes. Este trabajo también consistió en reproducir y extraer digitalmente estos 900 motivos que no se percibían.
Si no se hace, es imposible estudiarla. Si solo se pone la atención en tres de las formas que se vean, no se observan todos los que hay, por lo que queda descontextualizada la historia real de ese espacio. Falta información. No ha sido fácil desarrollar esa labor ni tampoco evaluar los motivos. Los que son con forma de animales son más sencillos de identificar, pero no lo son los grupos de puntos. Son muy problemáticos.
-¿Qué conclusiones se saca de la indagación de esa colección de arte rupestre?
-Señala que esa cueva como lugar de arte rupestre es de las más antiguas de la Península ibérica al aire libre. Se identificó que se situaría en torno a los 20.000 años. Es muy antiguo para ser uno al aire libre. También presenta conexiones no solo con otros sitios de este tipo en la región, si no, al otro lado del Estrecho, es decir, tanto en el norte como en el sur de Marruecos.
Eso es interesante porque, la narración de la prehistoria parte de que la vida humana nace en África y que, más tarde, se dispersa a través de Oriente Próximo. El hecho de que existan paralelismos formales en esta zona en el arte desde el Paleolítico cambia esa concepción. Ya se trata de algo distinto.
Previamente, la Universidad de Cádiz estudió el utillaje, es decir, los utensilios que usaban los humanos. Los integrantes de la investigación se dieron cuenta de que ya los había parecidos en las orillas del Estrecho. Antes se desarrollaron análisis paleogeográficos que indicaban que, cuando bajaba el nivel del mar en este territorio, emergían unas extensiones de tierra que hacían que la distancia fuera inferior. Ya había un caldo de cultivo que mostraba que el Estrecho era más importante de lo que se había considerado hasta entonces.
Lo que se ha observado en esta cueva y su vínculo con otras refuerza una teoría que rompe con el paradigma de cómo se entiende la prehistoria a nivel universal y la evolución humana. Cambia totalmente.

-Esto es un indicio de que, lo que se cree hasta ahora sobre el origen del ser humano quizá se hubiera producido de forma distinta. ¿Cómo puede confirmarse al cien por cien que es diferente?
-Es preciso investigar más. Los miembros de la Universidad de Cádiz estuvieron en el yacimiento de Benzú. Ahí ya había algo. Sí que es cierto que no salieron restos óseos. Eso hubiera sido la clave porque es lo que permite confirmarlo del todo. Es necesario indagar más.
El norte de Marruecos es una zona que requiere de muchísimo estudio. Seguramente allí existen muchas estaciones de arte rupestre en los que se replican esas similitudes. Hacerlo daría como resultado más evidencias. Todo ello manifiesta que como mínimo se dieron posibles intercambios culturales
-Por lo que cuenta, en realidad, Ceuta no dista mucho de Tarifa en este sentido. Quizá la ciudad tiene una conexión con la cueva de Atlanterra.
-Sí. Están vinculadas a nivel del utillaje paleolítico, es decir, de las herramientas que utilizaban. Ya se encontraron paralelismos. Lo cierto es que es un lugar que no está investigado en profundidad. Ese es el problema, aunque reconozco que pasa lo mismo en la Península ibérica.
Se conocen muchas cuevas, pero ninguna está estudiada integralmente y monográficamente. La información recabada es muy parcial. Muchas de las respuestas que se necesitan para averiguar este aspecto sobre los orígenes del hombre están en esos sitios que ya se conocen.
-¿La ciudad podría ser un buen punto de partida para hallar más pruebas?
-Sí, el yacimiento de Benzú es muy importante. Ya estuvo el doctor Ramos con los integrantes de la Universidad de Cádiz estudiándolo. Es uno de los puntos fundamentales que han servido para establecer los parecidos que antes he mencionado. Ceuta es muy pequeñita, pero sus conexiones con el norte de Marruecos son evidentes a nivel geográfico.
Muy cerquita de ella, próximo a Chahuen, por ejemplo, está una estación rupestre en la se encuentra una gran cantidad de vestigios. Ya en 2023 junto a otros compañeros la puse en relación con los puntos paleolíticos del sur de la Península Ibérica. ¿Qué ocurre? Que hasta entonces no se había identificado arte paleolítico en esta zona. Ese es el cambio que se ha vivido. Se ha pasado de un territorio en el que no había este tipo de manifestaciones a hallarlas.

–Los arqueólogos siempre hablan maravillas sobre el patrimonio que alberga la ciudad. ¿Qué le parece a usted?
-Es impresionante. Cuando vengo, me gusta darme un paseito y ver un poco. Siempre pienso con lo pequeña que es tiene muchas posibilidades que tiene y en que está desaprovechada. Esta ciudad podría servir para plantear proyectos de investigación consecutivos amparados por Europa que, por cierto, ofrece ayudas muy cuantiosas e interesantes para este tipo de estudios.
Ocurre como en el resto de España. Contiene un patrimonio impresionante que no se aprovecha. Es por el tema económico y por cuestiones de gestión. Hace falta tener a gente preparada para esto. Es complicado, pero Ceuta es una joya. No se terminarían nunca esas indagaciones aquí. Esta autonomía posee una riqueza extraordinaria.
-Antes mencionó que ciertos elementos patrimoniales se obvian porque se está acostumbrado a que estén ahí. ¿Cree que esto influye también en todo esto?
-Sí, exactamente. El foso de Ceuta, por ejemplo, es una obra maestra y prácticamente de los pocos fosos originalmente navegables que existen en el mundo. Sin embargo, está ahí como una parte del paisaje. La gente no es consciente de la importancia que tiene.
No solo está ese caso. Están los restos fenicios y Benzú que prácticamente ni se conocen. Darle visibilidad y valor es un trabajo que tienen que hacer las instituciones. Es una labor de conexión de la ciudadanía. La única manera de proteger el patrimonio es que las personas entiendan lo que poseen. No se comprende en Ceuta. Eso está claro.
–A título personal, si le hubieran dado la oportunidad de trabajar, por ejemplo, en alguna excavación arqueológica o en un proyecto en la ciudad, ¿En cuál te hubiera gustado participar?
–Sí, en la de Benzú. Creo que es muy interesante, por lo que he comentado antes. Considero que es un yacimiento muy relevante y hubiera sido bastante atractivo participar o al menos colaborar en esa iniciativa.






