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Intensa actividad aérea en la Base de Gando durante la Ofensiva de Ifni

La Guerra de Ifni-Sáhara 1957/58

Desgraciadamente muy pocos saben lo que sucedió en aquella guerra de Ifni-Sáhara. Para algunos “guerrita”, para otros “sucesos de Ifni”, y oficialmente en algunos casos “operaciones militares”, pero apenas saben por qué y el cómo. Sobre el Ejército del Aire todavía es peor. La brillante actuación de aquellas tripulaciones, hasta con material anticuado, pues se jugaban sus vidas, siempre quedó garantizado el éxito, gracias a pilotos y mecánicos que apenas conocieron el descanso.

El puente aéreo Gando-África Occidental Española

Cuando se inician los ataques a los territorios de Ifni-Sáhara en noviembre de 1957, estaba al mando de la Base Aérea de Gando y del Ala Mixta 36 el coronel Antonio Gili Gili, un hombre que tuvo que multiplicarse las veinticuatro horas del día para atender todas las peticiones que le llegaban tanto desde el Estado Mayor de Ifni como del Sáhara, lo mismo en petición de ataque aéreo a las Bandas Rebeldes que estaban sitiando los puestos, como otras veces el abastecimiento aéreo de víveres, medicinas, municiones y en algunos casos leche condensada para niños de meses.

Entre los Junkers y los Heinkel, estos últimos de la 29 Agrupación procedentes de Sevilla y Albacete, unidos a los Douglas procedentes del Ala 35 de Transporte de Getafe, al final llegarían a contar las Fuerzas Aéreas de la zona de Canarias con una flota que superaba el centenar de aviones.

Es digno de destacar que el puente aéreo entre Canarias y Sidi Ifni se mantuvo sin interrupción. El agravante de Ifni era que al carecer de puerto, unido a las malas condiciones del mar, todo o la mayor parte tenía que llegar por vía aérea, así, constan los miles y miles de toneladas del más diverso material que llegaban al Aeródromo de Ifni. Además del transporte de tropas, por citar algunos, lo mismo llegaban medicamentos, municiones, alambradas, sacos de cemento y hasta también transportaban leña para las cocinas de tropa, y otra labor que puede calificarse de humanitaria cuando transportaban de Ifni a Gando a los heridos. Con gran razón así lo escribió el coronel de Aviación, Juan Federico Casteleiro Licet (fallecido): “la Aviación fue el gran resorte moral que mantuvo el elevado espíritu de nuestros combatientes”.

Sobre lo que algunos ignorantes, cargados de resentimiento al anterior Régimen, que nada tenía ni tiene que ver con los combatientes, el comportamiento de estos fue ejemplar, en especial el Ejército del Aire, y así lo relataba un periodista en las propias líneas de fuego: “cada vez que el cronista habla con un jefe o con un oficial del Ejército del Aire, y trata de sonsacarle algo sobre su actuación, la respuesta era la misma: nosotros no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber. Es nuestra obligación como militares que somos. Lo maravilloso ha sido el comportamiento de los soldados y paisanos, Manuel Calvo Hernando, periodista, La Verdad (Murcia), 9 de enero de 1958.

Merece especial mención el desembarco aéreo de Tiliuin, cuya operación la realizaron 5 aviones T2-B, prestando apoyo otros 5 aviones Heinkel B-V21, estos últimos atacando al enemigo, rodeando y protegiendo con un círculo de fuego a los paracaidistas de la 7ª Compañía de la II Bandera, mientras estos descendían a tierra para rescatar a los defensores del puesto que llevaban cercados por el enemigo varios días.

Siguiendo con el relato del periodista Manuel Calvo Hernando en la entrevista a varios oficiales-pilotos en el mismo Sidi Ifni, así dice: “los pilotos, muy jóvenes todos ellos, cuentan la alegría de los sitiados al volar sobre ellos, y la emoción del primer lanzamiento en acción de guerra de los paracaidistas de la 7ª Compañía, Manuel Calvo Hernando, La Verdad, 6 de enero de 1958.

Antonio Gili Gili, coronel en las operaciones de Ifni.

Las primeras misiones

Según el Diario de Operaciones del Ala 36, el 23 de noviembre de 1957, un avión B-21 realiza un servicio de reconocimiento sobre Tamucha. El mismo día un avión T-2 transporta desde Aaiún a Ifni a 120 legionarios; con anterioridad sobre Tamucha lanzaron tres sacos de municiones. El 24 de noviembre, 6 aviones B-21 atacan a las fuerzas que tenían sitiados los puestos de Tiliuin y Telata; otros 12 aviones B-21 bombardean al enemigo y ametrallan, lanzando 141 bombas, 12 cintas de ametralladora y 18 tambores; 8 aviones T-2 transportan 110 legionarios así como material de transmisiones desde Aaiún a Ifni.

El 25 de noviembre 3 aviones Heinkel realizaron misiones de bombardeo sobre el enemigo. También 4 aviones T-2 realizan transporte de Gando a Aaiún, y 8 aviones T-2 realizan transporte de legionarios y material diverso desde Aaiún a Ifni.

Ocho aviones B-21 realizan misiones de ametrallamiento y bombardeo sobre el enemigo, y aviones T-2 abastecen desde el aire los puestos de Telata, Tiliuin y la sección de Paracaidistas del teniente Ortiz de Zárate. Al día siguiente, el 26 de noviembre, 2 aviones T-2 transportan desde Aaiún a Ifni a 24 legionarios con su equipo correspondiente, víveres y municiones así como 60 bombas.

Telegrama secreto del 5 de febrero con la situación de aviones en vuelo, entre Gando y África Occidental Española.

De la valiosa colaboración del Ejército del Aire en aquellos primeros días de los ataques, el coronel de Aviación y también historiador Emilio Herrera Alonso afirma esto: “el mismo 23 de noviembre de 1957 con los aviones destacados en Aaiún, se trasladaron a Sidi Ifni 112 hombres de la VI Bandera de la Legión y 2.900 kilogramos de equipo, municiones y víveres. En los días siguientes, seis aviones T-3 del Ala 35 de Getafe trasladaron de Gando a 120 hombres de una Compañía de Infantería, trasladándose a Villa Cisneros para trasladar tropas a Sidi Ifni, así como municiones y material diverso”.

Como resumen de la importante labor de la Aviación Militar, según el Diario de Operaciones antes citado y que consta en la Zona Aérea de Canarias, desde el 23 de noviembre de 1957 al 31 de enero de 1958, los servicios contabilizados en número de aviones fueron 404 vuelos entre Junkers, Heinkel y DC-3.

No cabe duda de que la escasez de medios se solucionó con la improvisación, como por ejemplo la bomba incendiaria, que era un bidón de gasolina con una espoleta de una granada de mano que al arrojarla e impactar contra el suelo producía mucho ruido. Pero como dice el refrán, mucho ruido y pocas nueces. Esto es triste pero por desgracia en los polvorines la mayor parte de municiones eran restos de la guerra de veinte años atrás. Era lo que había y con esos medios hicieron más de lo que podían.

Las conclusiones que se pueden determinar fueron que la Aviación tuvo que inventarse muchas ideas, como aquella de lanzar una lata de gasolina y con un esparadrapo pegar una granada de mano, y tras quitar la cinta del seguro era lanzada, pero suponía un riesgo, ya que muchas estallaban a pocos metros del avión, con el consiguiente peligro. A buen seguro que el coronel-jefe de la Base Aérea de Gando, Antonio Gili Gili, tuvo que quedar satisfecho.

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