Categorías: Carta al director

¿Nos hacemos un chino?

Todavía recuerdo cuando de pequeño hacíamos competiciones de poner un gran tazón con leche y llenarlo de toda clase de galletas, magdalenas y con el toque inconfundible de algún que otro polvorón “revenío” de las navidades pasadas… La máxima era:  “hasta que la cucharilla no se quede en el centro en vertical no parar”. Era increíble la facilidad para comer y no engordar que teníamos algunos, con la inestimable ayuda de unas explanadas en construcción donde nos desfogábamos corriendo, saltando y de vez en cuando apedreándonos. Nuestro parque temático eran los baños árabes de la Marina.  Casi la prehistoria, donde la gente bien situada empezaba a tener el Spectrum y el Comodore 64. Esto viene a ser como la edad de piedra de las videoconsolas y los ordenadores. Lamentablemente eso pasa, llegando el día en que el médico te comenta que tienes muy alto el colesterol ¿Cómo voy a tener algo alto que ni me han presentado?
Hoy voy a daros el gran secreto de algunos, la cocina china. Como de cocina entiendo tanto como de astrofísica intentare explicarlo con algún ejemplo. Sus nutrientes fundamentales son la cantidad de principios y valores que puedes digerir en el menor tiempo posible.
Hay que iniciar la comida con unos buenos rollitos de primavera. Estos pueden estar llenos de talante, de dialogo e incluso de “champion league”. Acompañado de un arroz tres delicias, las tres delicias de: “ya somos todos ricos, a gastar y no te preocupes por pagar”. Luego lo fundamental es llenar la mesa de platos, cuanto más raros, exóticos y aparentemente novedosos mejor, al grito de: ¡El potaje es el pasado, viva la modernidad!
Un toque fundamental es la salsa agridulce. Básicamente es dulce como que todo parece gratis, puedes comer de todo y no preocuparte de la cuenta que el presunto anfitrión dice cuando le preguntas por ella: ¡eso está todo controlado! Y te lanzas a comer y beber como si te fuera la vida en ello. Pero está la parte agria de la salsa cuando el que hasta entonces era el anfitrión que decía tener la cartera llena te comenta: que lo de a “escote” no es un término erótico y que ha decidido hacer un fondo común. Que le ha dado un toque el camarero y que ya aquí no nos fían. Te parece algo increíble ya que hasta hace cinco minutos te comentaba que todo estaba bien que teníamos “pasta” suficiente y que los que nos criticaban en la mesa de al lado eran unos envidiosos. Todo eso antes de que se enfadara su amiga Ángela.
Pero mientras tanto nos hemos deleitado con un montón de platos que en la mayoría de los casos no sabíamos ni de lo que eran. El presunto anfitrión te comenta que ya sabe como pagar la otra cuenta. Entonces le preguntas: ¿qué otra cuenta? Él con aspecto de normalidad te comenta: la de los meses anteriores. Ya te empiezan los sudores fríos. La fórmula magistral que le ha dado su amiga Ángela es: quitarles un poco de dinero de la cartera a mi cuñado que es funcionario, a la abuela que aunque decía que esto de los chinos no le gustaba también tendría que pagar, a mi primo con sus dos hijos que en febrero se le acaba la ayuda del INEM comentarle que él tiene que pagar como todos y alguna que otra brillante idea.
Mientras voy al servicio porque noto que la comida después de todo lo que me ha comentado no me está sentado muy bien y creo que va a salir por donde entró. Allí me encuentro a uno de los “criticantes” de la mesa de al lado. Este me comenta si sé que en China les pagan una porquería a sus trabajadores, que al que se queja lo mete en la cárcel, que les controlan hasta los niños que pueden tener. Yo pongo cara de incrédulo y él me comenta: pues que sepas que tu primo tenía trabajo antes de que montaran ellos el “todo a cien” en el barrio. Termino la conversación indignado cuando este me comenta que también hay un premio Nobel chino encarcelado por sus opiniones y que todavía fusilan a la gente. Entonces es cuando siento que ofenden a mi anfitrión y grito: ¡eso nunca lo permitiría mi amigo José Luis!
Cuando vuelvo a la mesa y le comento a José Luis: desde luego que son envidiosos los de la mesa de al lado fíjate lo que me ha comentado uno. Todavía no había terminado de contárselo cuando una tal Trini nos interrumpe diciendo: son cosas que pasan, son cosas que pasan…
Creo que esta dieta no me va a engordar aunque como todo buen chino termina con: ¿quiele chupito?

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