EFE
Soy joven, soy ceutí y estoy harto. Hablando claro, estoy hasta los c****** de que algunos partidos utilicen nuestra ciudad, nuestras religiones y nuestra convivencia para montar polémicas, conseguir titulares y arañar unos cuantos votos.
La última ocurrencia de Vox sobre los menús halal en los comedores escolares es otro ejemplo de una política que no busca solucionar los problemas reales de Ceuta. Busca señalar, provocar y dividir.
¿De verdad este es el mayor problema que tiene nuestra ciudad? ¿De verdad lo que más preocupa a Vox es que un niño musulmán pueda comer en el comedor de su colegio respetando sus creencias?
En Ceuta tenemos jóvenes que no encuentran trabajo, familias con dificultades para llegar a final de mes, problemas de vivienda, abandono escolar, falta de oportunidades y personas que se ven obligadas a marcharse para poder construir su futuro. Pero, en lugar de hablar de todo eso, Vox prefiere meterse en el plato de comida de los niños.
Ya está bien.
El menú halal no obliga a nadie a ser musulmán. No convierte un colegio en una mezquita. No amenaza la identidad de España. Simplemente permite que numerosos niños y niñas puedan comer con normalidad en sus centros escolares, igual que deben existir alternativas para quienes tengan alergias, intolerancias, necesidades médicas, convicciones religiosas o cualquier otra circunstancia.
Eso se llama convivencia. Eso se llama respeto. Eso se llama entender la ciudad en la que vivimos.
Quien conoce realmente Ceuta sabe que aquí convivimos cristianos, musulmanes, judíos, hindúes y personas que no profesan ninguna religión. Sabemos que nuestra ciudad no es perfecta y que existen problemas, pero también sabemos que nuestra diversidad forma parte de lo que somos.
Lo que no necesitamos es que venga ningún partido a convertir cada diferencia en un conflicto.
Vox habla constantemente de imposiciones, pero su propuesta consiste precisamente en eso: imponer su visión ideológica sobre la realidad de miles de familias. Hablan de libertad mientras intentan limitar las opciones de los demás. Hablan de igualdad mientras señalan repetidamente a la comunidad musulmana. Hablan de defender Ceuta mientras alimentan enfrentamientos entre los propios ceutíes.
No nos engañemos. Esta polémica no trata realmente sobre carne, menús o productos nacionales. Se utiliza la alimentación como una excusa para volver a colocar a los musulmanes en el centro de la sospecha y presentarlos como si fueran un problema.
Y estamos cansados.
Las personas musulmanas de Ceuta no acabamos de llegar. No somos visitantes ni ciudadanos de segunda categoría. Hemos nacido aquí, estudiamos aquí, trabajamos aquí, pagamos nuestros impuestos aquí y queremos construir nuestro futuro aquí. Somos tan ceutíes y tan españoles como cualquier otra persona.
No tenemos que pedir permiso para existir ni disculparnos por nuestras creencias.
Defender que se respeten las necesidades alimentarias de una parte del alumnado no significa atacar a quienes quieran consumir otros productos. Se pueden ofrecer alternativas y buscar soluciones que respeten a todos. Lo que no se puede hacer es eliminar opciones solamente porque están relacionadas con una comunidad religiosa determinada.
La política debería servir para mejorar la vida de la gente, no para decidir qué niño merece sentirse incluido y cuál debe adaptarse obligatoriamente a la ideología de un partido.
Como joven ceutí, quiero que se hable de nuestro futuro. Quiero propuestas para crear empleo, facilitar el acceso a la vivienda, mejorar la educación, apoyar la salud mental y evitar que nuestra generación tenga que abandonar Ceuta. Quiero políticos que trabajen para unir una ciudad difícil y compleja, no políticos que obtengan protagonismo enfrentándonos.
A Vox le digo claramente que Ceuta no es su laboratorio electoral. Nuestra convivencia no es un juguete. Nuestros colegios no son escenarios para sus campañas ideológicas y nuestros niños no son instrumentos para provocar enfrentamientos religiosos.
Se puede defender la producción nacional y la calidad de los alimentos sin atacar el menú halal. Se pueden ofrecer distintas opciones sin excluir a nadie. Se puede hacer política sin señalar continuamente a una parte de la población.
Lo que no se puede hacer es incendiar la convivencia y después presentarse como quien viene a salvarla.
Estoy harto de que se hable de los musulmanes de Ceuta como si fuéramos una amenaza. Estoy harto de que nuestras costumbres se utilicen para generar miedo. Estoy harto de que algunos pretendan decidir quién es suficientemente español en función de lo que come, de cómo se llama o de la religión que practica.
Ceuta pertenece a todos los ceutíes.
Nuestra diversidad no se negocia, nuestra dignidad no se cuestiona y nuestros derechos no pueden depender de los intereses electorales de ningún partido.
Frente a quienes quieren dividirnos, debemos responder con firmeza. No desde el odio, porque no podemos convertirnos en aquello que criticamos, sino desde la verdad, la dignidad y la defensa de una convivencia que ha costado demasiado construir.
Vox debería dejar de mirar los platos de nuestros niños y comenzar a mirar los problemas reales de nuestra ciudad.
Porque Ceuta necesita soluciones, no provocaciones. Necesita oportunidades, no discursos de odio. Necesita responsables políticos que estén a la altura de su diversidad.
Y, sobre todo, necesita que dejemos de guardar silencio cuando alguien intenta enfrentar a nuestros vecinos.
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