La pasada noche fue una de las de mayor presión en el entorno fronterizo, tal es así que la Guardia Civil movió a todas sus unidades para poder hacer frente a la llegada constante de nadadores. No hay noche en la que no lo intenten decenas, poniendo en riesgo sus vidas y alimentando una de las rutas más temerarias de la inmigración.
La cooperación entre países está siendo clave para que no se produzcan entradas masivas y, sobre todo, para salvar vidas. La presencia de varias embarcaciones durante la noche y madrugada convirtió el espigón en un punto de trabajo delicado y constante, que debe ser reconocido.
A pesar de las continuas intervenciones, llegaron a las costas tanto niños como adultos. Personas que fueron grabadas y fotografiadas por este periódico, quien también fue testigo de la huida de otros adultos hacia barriadas próximas al no ser vistos por la Guardia Civil en una noche de merma absoluta de visibilidad.
Lo que lleva sucediendo en Ceuta durante varios días consecutivos no debe ser obviado sin más. La administración tiene que implicarse con recursos suficientes, sin forzar a que unidades como el Servicio Marítimo hagan jornadas inhumanas, sin descanso, ante la presión continua de personas en el mar que constituyen un objetivo prioritario de acción sobre cualquier otro servicio.






