La sanidad ha sido una patata caliente. La polémica ha estado detrás de muchas de las decisiones adoptadas. Los usuarios, víctimas del sistema, son quienes pagan por las decisiones adoptadas por los elegidos. Muchas veces equivocadas; demasiadas quizá.
En los últimos días ha surgido la polémica por los cierres de los centros de salud por la tarde. Parece que Ingesa tiene la decisión más que tomada y utiliza a modo de justificación lo que todos: informes, estadísticas y estudios que vengan a concluir, curiosamente, lo mismo que, de antemano, quiere hacer la Dirección.
El usuario y sus derechos se van al garete. Nadie los tiene en cuenta. Reclamar la asistencia en tu centro de salud por la tarde pasa a mejor vida. Se pone como excusa la operatividad de los centros de urgencias. Se nota que a la cúpula de Ingesa no le debe tocar en primera persona esa asistencia de urgencias. A todos nos ha tocado esperar horas y horas en un ‘José Lafont’ colapsado, con unas instalaciones deficientes y con unos trabajadores que tenían que soportar presiones de todos lados.
Ahora se nos obliga a comulgar con ruedas de molino. Se nos presentan conclusiones que, porque sí, deben ser tenidas como ciertas, cuando en el fondo lo que se está consiguiendo ya no es solo que triunfe la burla al sistema sanitario sino que mermen nuestros derechos, la accesibilidad a los centros, el disponer de una mayor cobertura en nuestros puntos sanitarios de referencia.
Entrar en otro tipo de polémicas, deslizar que los trabajadores de Primaria son unos vagos, buscar manos negras hasta debajo de las piedras son fórmulas a las que ni llega ni quiere llegar el ciudadano de a pie. A mí, como a usted, no me interesa las polémicas artificiales de corte sanitario, ni las guerras internas, ni las ansias de poder que tengan unos u otros. A mí, como a muchos usuarios, me interesa que la sanidad por la que todos pagamos ofrezca la cobertura más amplia posible, que disponga de un horario flexible, que enriquezca las vías de acceso que tenemos todos y a las que debemos alcanzar sin perjuicio alguno.
La palabra recorte, que tampoco gusta a los que nos gobiernan, puede ser eliminada. Yo lo llamaría atraco, con todas las letras.





