Esa sensación tan límite y desgarradora que se produce en nuestra persona cuando algo nos supera y no tan solo eso sino que no sabemos cómo avanzar ante tal tempestad. Así definiría la impotencia.
Sentimos impotencia desde muy temprana edad con cosas que quizá se vean pequeñas e insignificantes pero que respecto a nuestra situación no podemos controlar. Es en la adolescencia cuando mayores temores surgen en varios frentes de la vida: la sociedad, la educación, las relaciones…
Desde mi experiencia tan cercana casi palpitante de sentirse impotente puedo asociarlo a un grito sin voz, un sonido sin escucha o una bocanada sin vaho. No puedo contar las experiencias que se relacionan con esto pues son tantas y a veces en un periodo tan estrecho de tiempo que solo hace que se acumule cada vez más como un reloj de arena del que no puedes escapar.
Seguramente, muchos de los lectores coincidirán conmigo puesto que, ¿quién está libre de tal condena impuesta por la vida misma? A veces solo es no poder ayudar a alguien o afrontar la muerte de un ser querido o simplemente no sentirte como quieres en el momento que quieres: no llorar cuando quieres llorar, no reír cuando necesitas reír o no alcanzar aquella meta lejana que tanto ansiabas.
La impotencia es humana, torpe y en ocasiones irremediable. Levantémonos ante ella y aunque siga atormentándonos hagámosla poco a poco más pequeña, más tangible y más débil. Seamos fuertes en los momentos duros que la paz sesgará nuestros males cuando la tormenta amaine.







Eres muy grande . Lo demuestras día tras día . No puedo expresar con palabras lo que haces sentir con tu escritura , pues el Don de palabras lo tienes tú . Solo decirte que sigas así , no cambies nunca .Besos