Fue el 20 de marzo de este año cuando me sorprendió un artículo publicado en un periódico de tirada nacional cuyo titular decía “Aguirre reivindica listas abiertas y suprimir subvenciones públicas a los partidos políticos”. Expresaba con total claridad sus ideas y asumía que la vida política española debería tener una regeneración.
Realmente fueron consideradas asombrosas esas declaraciones, más aún cuando nos encontramos en una situación de hastío total de la población hacia los poderes políticos. Cada vez se encuentran peor valorados, la ciudadanía está inmersa en una crisis no sólo económica sino también de valores, y la política se halla en el punto de mira de todos los españoles. De hecho, el resultado del barómetro de esta desazón ciudadana se verá en las próximas elecciones; las urnas hablarán y será cuando se den cuenta que el problema es más grave de lo que en un principio les había parecido, mientras se embelesaban de poder subidos en sus pedestales.Tras la propuesta hecha pública por Esperanza Aguirre, y con las miras puestas en las próximas elecciones, a más de uno se le cayó el alma al suelo, se les descuadró la cara mientras atrapaban el móvil para telefonear a su mecenas con el miedo en el cuerpo; pusieron la maquinaria en marcha como pura estrategia de marketing, para vender esa “capacidad y formación que les caracteriza”, además de “la gran necesidad y ventaja profesional que tiene el pueblo por tenerlos a ellos como representantes”. Este escenario que he esbozado en pocas líneas, fue algo más esperpéntico, provocó momentos sorprendentes, más de una risa burlesca y más de una carcajada muy sonora en todos los que fueron testigos de ciertas situaciones bochornosas, ya que la política, para algunos claro está, porque evidentemente no se puede generalizar nunca y existen honrosas excepciones, se ha convertido en un oficio más que en un servicio en pro de los ciudadanos.
Esta señora con sus declaraciones ha metido el dedo en la llaga y más de uno ha tenido dolor de cabeza sólo con pensarlo. Lo mejor de todo es que ha dado en el clavo, está acertada, es lo que piensan actualmente muchos ciudadanos. ¿Es descabellado? Pues para ella no, bastante claro lo ha dicho; dejaría de votarse a listas cerradas, dejaría de votarse a los aparatos de un partido, a gente a la sombra. Como dijo en esas declaraciones: “Son los ciudadanos los que deben controlar a los políticos.No puede ser que el único que controle sea el jefe del partido, que es el que pone las listas”. Los representados tenemos derecho a elegir a nuestros representantes. De esta forma los políticos estarían más interesados en los votantes, en aquellos que les van a dar su sitio, y no en el jefe de turno o en el número de salida de esa lista. Al final, con las listas abiertas, realmente se premiaría la experiencia, la dedicación, el cumplimiento de los compromisos electorales, la formación, es decir, a los mejores o en cualquier caso a los más cercanos al pueblo, pero no a los más aduladores y serviles.
Buena pregunta la que planteaba el otro día el Confidencial, ¿Cuántos políticos sobrevivirían si el ciudadano pudiera tachar de la lista a los que no consideren aptos o válidos, o simplemente por la simpatía personal o profesional que despierten en sus vecinos? Pues probablemente habría muchos que no pasarían esa criba. ¿Las Listas abiertas darían un poder a los ciudadanos que no interesa a los políticos? ¿Sería positivo ponerlas en marcha o al contrario crearía más problemas que soluciones? Pues a esas preguntas no puedo responder, pero con esta reflexión solo pretendo dar a conocer la opinión que circula por las redes sociales, en las que se expresa la necesidad de que nuestra clase política emplee el 90% de su tiempo en tener que ganarse el cargo con el “sudor de su frente” defendiendo los intereses de sus votantes y no los intereses de sus siglas o de su jefe de filas. Realmente para responder a esas preguntas cada uno de nosotros deberá mirar en su interior, reflexionar sobre lo que tenemos y discernir si queremos seguir así o plantear cambios en el sistema. Recordemos lo que dice la Constitución en el artículo 1.2: “La Soberanía nacional reside en el pueblo español”.
Cada uno de nosotros tendremos que sacar nuestras propias conclusiones y evidentemente reflexionar sobre todo lo expuesto, pero me gustaría recordar aquellas proclamas del 15M “Otra política es posible. Queremos respuestas” o esa de “Que no, que no, que no nos representan”.
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