Esa es la pregunta que se hace cualquier ciudadano cuando termina siendo sancionado por una fuerza de seguridad que, incongruentemente, está cometiendo una infracción. O varias, como es el caso de marras. Y es que eso es lo que sucedió el pasado sábado, cuando un funcionario de la Policía Nacional que estaba fuera de servicio fue denunciado por un agente de la Guardia Civil al que le iba a advertir de que el control de tráfico que había dispuesto en el puerto estaba ocasionando perjuicios a otros ciudadanos que paseaban por la zona.
La historia comienza a las 12.45 de ese sábado 6 de abril, cuando el policía en cuestión, M. C. S., fue abordado por un ciudadano que le había reconocido como agente de la autoridad para mostrarle su pesar porque la Guardia Civil había montado un control, colocando sus vehículos encima de la acera, con lo cual impedían el tránsito de los peatones que se veían obligados a bajar a la carretera, como a él mismo le había ocurrido, produciéndose un riesgo innecesario para las personas.
El agente, a pesar de que estaba fuera de servicio, acudió con su motocicleta hacia el control para trasladar dicha queja a los agentes, topándose, efectivamente, con la hilera de vehículos colocados encima de la acera, a la altura del popular taller de ‘Carrilero’.
El resultado fue que se topó con una denuncia ya que si bien portaba su casco reglamentario, no lo tenía abrochado. Algo de lo que no ha mostrado queja alguna, ya que, como reconoce el afectado “soy responsable y consecuente con la evidencia”, pero es aquí donde cabe analizar la otra cara de la moneda. ¿Cómo un agente puede sancionar a un ciudadano que va a advertir de una comisión de irregularidades cuando ante sus propios ojos se está provocando mayor volumen de faltas?
Y es que, tal y como denuncia el afectado, la Guardia Civil, con su control, no solo estaba entorpeciendo a los peatones; algo de lo que quería advertir este policía, sino que, después de ser sancionado, se continuaron con esas prácticas. ¿Cuáles eran? En su escrito de denuncia recalca que los vehículos estaban estacionados encima de la acera, en zona amarilla, ocupando parcialmente un paso de peatones, aparcados en una esquina con lo que frenaban la visibilidad a otros conductores y ocupando un paso de minusválidos, entre otras. “¿La ley es igual para todos?”, se pregunta, “¿quién sanciona a la Guardia Civil sancionadora?”, añade. ¿Debe, en otra ocasión similar, un ciudadano advertir de estas irregularidades si quien las hace es quien sanciona?
El afectado en nada protesta por la denuncia interpuesta, más bien por esa sensación de incapacidad que se siente ante una disparidad de criterios sin sentido. ¿Le ha pasado a usted alguna vez?






