El pasado jueves, cuando la ciudad se cerraba en el auditorio de la Manzana del Revellín, todos los asistentes al concierto vimos, danzando entre musicales notas, volar a una mariposa en la noche. Porque, allí dentro, perdidos entre sones y belleza hemos caminado entre las manos de la hermosura. Dejando que una cadena de vibraciones musicales, que como una lluvia de bellos universos caía sobre nosotros, creciesen agitando nuestros corazones,.
Era una hermosa mariposa nocturna, la que acariciando con sus alas, llenas sentimientos de asombro cada nota musical que se escuchaba, aleteaba en el aire que la sujetaba. Vestida de luces y violonchelos, vestida de arpa, violines y flautas, de erupciones de vientos, triángulos y tambores, la sombra de su vuelo, deslizándose por todo el escenario en cada movimiento, se hacia inmensa para todos los presentes. Porque en la percepción de su música se ella desvanecía y se rehacía sin cesar ante nuestras miradas.
A veces, trizando notas de arrebatadoras nostalgias llenas de amor, luz y aire, exprimía sus manos colmadas de musical oro ante el auditorio. Y en la luz segura de su música, con cada gesto y posición que adoptaba, dejaba que su silueta encadenase los trazos de su vuelo. Y de esta manera sus armoniosos movimientos, se inscribían tozudamente con signos instantáneos y cambiantes en nuestros hechizados ojos.
En su entorno, y acompañando su vuelo, dulces sones de violines, resbalando entre otros más graves de violonchelos y tambores que progresaban más lentamente, corrían libres y ágiles por el aire. Y así, ejecutando con su enérgica batuta, modulaciones y escalas bellas, el tiempo se hacia rápido, arrancando a los músicos los tonos que la melodía debía alcanzar en un vuelo que no debía despegarse de nuestro suelo,
A veces, tronaba todo auditorio con fuertes notas y, cimbrando su cuerpo, como en un temblor violento estallaba una música que por primera vez oíamos en esta tierra nuestra. Y la nocturna mariposa, con mirada de niña, entre sonoros valores de viento y cuerda, estirando sus delgados brazos sobre nuestros asombrados ojos, giraba sin descanso volando por el mágico escenario.
Y la mariposa tiene un nombre. Se llama Inma Shara y el blando aire que nos arropaba otro, Sinfónica de Frankfurt. Y en ese aire dulce, vimos como en nuestro auditorio, por primera vez, una mariposa de la noche danzaba en sonoro vuelo en la blanca burbuja de ensueño que un arquitecto portugués, Álvaro Siza, construyó para nuestra casa. Porque Todos los corazones con su propio lenguaje, nos cuentan como es la música ¡Y en Ceuta, Inma Shara nos mostró cual es la suya!.
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