La "huella imborrable" tras el asesinato en Parques de Ceuta

El Jurado ha podido entender, gracias a tres expertas, qué sucede cuando alguien es testigo de un crimen, como lo fue la hija de la víctima asesinada presuntamente por su marido, policía local

El Tribunal del Jurado elegido para determinar la culpabilidad o no de un policía local acusado de asesinar a su mujer en marzo de 2022 en la vivienda que compartían en Parques de Ceuta ha podido conocer este jueves el horror que sufrió la hija de la pareja, como testigo de aquellos hechos sobre los que ahora quiere hacerse justicia.

Tres profesionales de la psicología y del análisis forense, con conocimiento en temas de violencia de género y una amplia trayectoria de trabajo en los juzgados, han tratado de hacer una radiografía ante los componentes de este tribunal de las consecuencias de haber sufrido un episodio de auténtico “horror”.

Las tres profesionales han sido claras, concisas y coincidentes en sus conclusiones tras haber explorado y entrevistado a la hija del matrimonio, testigo clave del suceso ya que declaró haber visto cómo su propio padre disparaba arrebatando la vida de la trabajadora de los juzgados Mª Ángeles Lozano.

Perder a alguien querido y de esta manera tan cruel genera una sensación de inseguridad, que es con la que se topó esta joven, al haber perdido esa protección que hasta entonces encontraba en el hogar.

La “huella imborrable”

Lo sucedido dio forma a una “huella imborrable” en la joven, algo que se le ha trasladado al tribunal no profesional para que pueda entender las consecuencias que este suceso ha tenido.

El propio abogado de la Acusación Particular, Javier Cabillas, ya exponía en su primera intervención ante los miembros del jurado el pasado martes que en este caso se había matado a una persona, Mª Ángeles, pero también en vida a su hija, posicionándola en víctima directa de las graves consecuencias.

Pues precisamente eso es lo que estas tres profesionales han intentado traducir al lenguaje más sencillo posible.

Estrés postraumático

Han hablado del trastorno de estrés postraumático, de la necesidad de tratarlo tras el “horror vivido”, después del “acontecimiento tan intenso de terror y pánico” que se vivió.

Hay una clara causa y efecto entre el suceso y esa enfermedad, ya que ese trastorno de estrés postraumático resulta de la experiencia de haber vivido algo “aterrador”.

El hecho de que la joven tuviera además 17 años la hizo aún más vulnerable al no tener los suficientes mecanismos formados en la edad más adulta para afrontar este tipo de situaciones.

El rol de protección de su madre

Las profesionales han narrado el perfil de la hija antes y después del suceso. Antes, vivió una infancia marcada por abusos psicológicos y físicos tanto hacia ella como hacia su madre, pero no hacia el otro hijo varón del matrimonio.

Gritos, castigos, carencia de afecto o desprecios por parte de su padre, el acusado, marcaron ese periodo previo al crimen, que hicieron que la infancia de la niña estuviera marcada por el temor.

Ha sido importante la exposición de lo que sucedió cuando entra en la adolescencia, porque se pasó del temor al asco y rechazo hacia la figura paterna, síntomas que coinciden con el cambio que tuvo la chica y la asunción de un rol que no le correspondía por su edad, pero que le llevaba a proteger a su madre.

Ha sido importante conocer esto para entender, por ejemplo, por qué cuando vio a su padre con el arma en la mano se interpuso delante y forcejó con él.

Las profesionales han dejado claras las consecuencias de todo aquello para que el tribunal pueda entenderlas.

El “duelo se lleva por dentro”

Otra clave de la exposición ha sido la referida a eso que antiguamente se decía de “el duelo se lleva por dentro”, pero que en psicología tiene su explicación.

Así una de las profesionales ha indicado como la joven no fue capaz de asimilar la muerte de su madre y presentó un comportamiento días después del suceso de “normalizar” todo, algo que chocaba con la tristeza de otros familiares.

Esto pasó porque la joven no era capaz de asimilar lo que pasaba, quería salir, ir a los sitios, pero por dentro estaba destruida. Es un mecanismo de defensa emocional que, ha dejado claro la profesional, incluso resulta “maliciosamente” utilizado en juicios para tratar de “desacreditar” a las víctimas.

Un mecanismo de supervivencia

Por eso cuando la tía de la joven, hermana del policía local, hizo mención al comportamiento “feliz” que tenía tras el suceso, no era por otras razones más allá de ese mecanismo de normalización necesario, como hoy se ha dejado claro.

La familia puede no entender eso, pero es la forma en que funciona o se externaliza un trauma, con una pseudonormalidad a modo de mecanismo de supervivencia.

En la exploración que se hizo a la joven nunca se apreció que estuviera mintiendo en su relato o magnificando los hechos.

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