La Jefatura de la Policía Nacional, ubicada en el Paseo Colón de Ceuta, se ha convertido esta mañana en el escenario de un emotivo acto sorpresa dedicado al policía nacional jubilado Florián García Molina.
El homenaje, organizado por sus compañeros de profesión junto a sus hijos y familiares, fue preparado en secreto para reconocer públicamente la extensa trayectoria de servicio de quien ha estado destinado en la ciudad autónoma desde 1982, desarrollando una carrera policial que se ha prolongado durante 45 años.
García Molina desconocía por completo la celebración. El sigilo con el que se ha planificado el homenaje ha permitido que la sorpresa fuera total. Sus compañeros y familiares lograron mantener en silencio todos los preparativos y, de manera discreta y con antelación, avisaron a los medios de comunicación para garantizar que el momento trascendiera y quedara grabado con tinta imborrable en los recuerdos de todos.
Sus compañeros le han entregado un ramo de flores y han llenado la calle de aplausos. También han acompañado con el sonido de una sirena del coche policial, un sonido muy propio de toda su carrera.
Estos esfuerzos reflejan el cariño y la estima que todos los que rodean tienen a Florián. La admiración era palpable en el ambiente, así como las miradas de orgullo.
Por su parte, García Molina se ha mostrado sorprendido y agradecido y ha colmado a sus allegados con palabras de agradecimiento.
No sabemos con certeza si este reconocido policía nacional esperaba alguno de los pasos que sus compañeros y familiares tenían preparados para conmemorar el día de su jubilación, pero si hay algo que podemos afirmar con certeza es que en sus ojos había luz; y tal vez, miles de imágenes pasaron por su cabeza, como el que ve una película de su vida en fotogramas, echando la mirada atrás, dejando una vida profesional cargada de movimiento y afecto que cierra con una despedida repleta de inesperados reconocimientos.
La trayectoria de Florián García Molina se remonta al año 1981, cuando con apenas 20 años, tras licenciarse del servicio militar, ingresó en la entonces Policía Armada.
Allí permaneció hasta mediados de 1982, en los denominados años del plomo, un periodo especialmente complejo en el que las labores de prevención se desarrollaban en un contexto de gran dificultad y en el que muchos agentes perdieron la vida.
Esa experiencia marcaría los primeros pasos de un recorrido profesional que pronto lo llevaría de regreso a su tierra natal.
Ese mismo año de 1982, García Molina fue trasladado a Ceuta, la ciudad donde desarrolló prácticamente la totalidad de su carrera y donde formó su familia. Allí fue padre de cuatro hijos y, con el paso de los años, abuelo de cinco nietos.
Su arraigo personal y profesional en la ciudad autónoma dio como resultado una vida marcada por el servicio, la entrega y el reconocimiento de quienes compartieron con él el día a día en el cuerpo de Policía Nacional.
Durante los primeros años en Ceuta, García Molina integró el grupo de motos de Seguridad Ciudadana, destacando por su destreza y capacidad de intervención.
En ese destino participó en innumerables actuaciones, siendo felicitado públicamente en numerosas ocasiones por la eficacia de su trabajo.
Permaneció en esta unidad hasta mediados de los años noventa, momento en el que pasó a desempeñar nuevas funciones de mayor responsabilidad.
Posteriormente, asumió el cargo de jefe de equipo en funciones en un grupo de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), donde permaneció hasta el año 2014.
En esa etapa, García Molina intervino en una gran cantidad de servicios tanto de carácter policial como humanitario.
Su labor le llevó, junto a un subgrupo, a desplazarse en múltiples ocasiones a distintos puntos de la geografía nacional, reforzando la presencia policial allí donde fue necesario.
En 2015 se incorporó a la unidad de vestuario y armamento, un destino en el que permaneció hasta su jubilación.
Su pericia con las armas y su profesionalidad consolidaron en este último tramo de su carrera el respeto y la valoración tanto de sus compañeros como de sus superiores, quienes siempre destacaron su entrega y compromiso.
Los méritos de García Molina se reflejan en un amplio conjunto de condecoraciones recibidas a lo largo de su trayectoria.
Entre ellas destacan la medalla a la dedicación al servicio policial en 2001, la cruz al servicio policial en 2006 y la medalla de oro de la ciudad de Ceuta en 2007.
En 2010 recibió la encomienda a la dedicación al servicio policial; y en 2011 la medalla al mérito policial de la Policía Local de Ceuta.
En 2016 fue distinguido con la placa a la dedicación al servicio policial y en 2024 se le otorgó la cruz al mérito policial con distintivo blanco.
Este mismo año 2025 ha recibido la segunda medalla de oro de la ciudad de Ceuta. Además de estas condecoraciones, fue felicitado públicamente en 55 ocasiones por la Policía Nacional.
El reconocimiento a su figura no se detiene ahí. Coincidiendo con el día de su jubilación, Florián será propuesto como Policía Honorario de la Policía Nacional, habiendo conseguido prácticamente todas las distinciones policiales que se pueden conseguir debido a su arduo trabajo sano.
Este homenaje celebrado este martes en la Jefatura de Policía ha sido, sin lugar a duda, una forma de poner en valor la dedicación de Florián García Molina, un policía nacional que ha dejado una huella imborrable en Ceuta y que, tras 45 años de carrera, ha recibido de compañeros, familiares y autoridades el reconocimiento público a una vida de entrega y compromiso.
El soldado de Caballería que resultó herido en la mañana de este martes en el…
Con el curso futbolístico llegando a su fin, las competiciones en Ceuta comienzan a conocer…
La Delegación del Gobierno en Ceuta ha puesto en marcha este miércoles una acción formativa…
La sociedad de desarrollo Procesa, de la Consejería de Hacienda, Transición Económica y Transformación Digital…
El Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC) ha registrado una interpelación en el…
El próximo iPhone 18 Pro vuelve a colocarse en el centro de todas las miradas…