Antes de empezar a hablar tengo que pedirles disculpas porque hace más de un año que no me asomo a esta ventana pero, para serles sincero, no tenía gran cosa que decir. El caso es que a mis alumnos les trato de grabar casi a fuego la siguiente frase: “un filósofo siempre que piensa, piensa su época y se piensa”. Con esa frase quiero hacerles ver que la filosofía no es algo ajeno a la vida sino que esta surge de la vida del filósofo y del contexto en el que a este le ha tocado vivir. Supongo que aunque en este tiempo han pasado muchas cosas guerras cruentas, genocidios retransmitidos y blanqueados, lideres de países con pretensiones de dirigir el mundo a su antojo, apagones, escándalos políticos y un largo etcétera; no tenía nada que aportar que no hubiera sido aportado ya por mentes más agudas que la mía. El caso que tras mucho tiempo tengo algo de lo que hablarles y por eso me atrevo a presentarles estas líneas.
Si siguen el Caleidoscopio de, mi compañero y amigo, Carlos Antón Torregrosa; habrán leído lo sucedido este año en las oposiciones a docente de Andalucía así que no voy a aburrirles con detalles pero sí que lo sucedido esas oposiciones y lo dicho sobre ellas me ha llevado a pensar sobre un concepto que se acuñó en la teoría de la moral hace ya unos años, este concepto es el de héroe moral. Cuando en ética se habla de héroes morales nos referimos a aquellas personas que hacen lo moralmente correcto pese a que esa acción puede suponerle un perjuicio para sí mismo pero aún sabiendo esto deciden actuar porque es lo correcto.
Les daré un poco de contexto dando un pequeño rodeo para llegar a donde quiero llegar, paciencia por favor. Podemos dividir las teorías éticas en dos grandes grupos las éticas formales o éticas del deber, estas dan una serie de normas fijas que hay que cumplir porque son las que formalmente crean un mundo coherente. El otro gran grupo son las materiales que son muy polimorfas pero que voy destacar aquí las teorías consecuenciales, estas se centran en los resultados de la acción y no en la acción misma por lo que, en principio, no pueden dar reglas fijas ya que hay que estar adaptándose a lo que sea mejor en cada momento. Dicho de forma sencilla, las éticas formales se centran en la acción sin mirar las consecuencias y las materiales (especialmente las consecuencialistas) se van a centrar en las consecuencias de tus actos “obviando” los medios para alcanzar ese fin. Con un ejemplo se entenderá mejor, mientras que una ética formal va a prohibir mentir siempre, pues permitir la mentira impediría la comunicación pues la comunicación se basa en la confianza y la posibilidad de la mentira elimina esa confianza; la ética consecuencial va permitir mentir siempre y cuando las consecuencias, medidas en felicidad o bienestar, son mejores que si no se miente.
"Usted puede salvar a uno de los dos pero no a los dos pues el edificio colapsará de un momento a otro y si intenta salvar a los dos morirán los tres, y a todas luces esto es la peor opción posible"
¿Pero qué tiene esto que ver con el concepto que nos atañe?
Una de las críticas que desde las teorías formalistas le hacen a las teorías consecuenciales es que esta últimas exigen demasiado, a saber, en una ética consecuencialista se pide que el individuo haga la acción que mejores consecuencias traiga valorando a todos por igual, incluido él mismo, así que la acción correcta puede ser aquella que perjudique gravemente al que realiza la acción pero que sea lo que mejores consecuencias conlleve. Con un dilema a modo de ejemplo esto se comprenderá mejor. Supongamos que su edificio está en llamas y que han quedado atrapados en él dos personas, en un apartamento está su vecino un eminente científico que está cerca de la cura del cáncer pero con el que no ha cruzado dos palabras y en otro está su hijo. Usted puede salvar a uno de los dos pero no a los dos pues el edificio colapsará de un momento a otro y si intenta salvar a los dos morirán los tres, y a todas luces esto es la peor opción posible. ¿A quién salvaría usted? La mayoría elegiríamos a nuestro hijo y desde una ética formal es fácil de justificar esa acción pues podemos crear una máxima muy coherente que diga “debes salvar a tus seres queridos siempre”. Desde el consecuencialismo la respuesta tendría que ser otra ya que tu obligación es salvar al científico porque este puede salvar millones de vidas, incluso la de algún ser querido tuyo o la tuya propia. Como puede ver la respuesta consecuencialista es muy exigente pues a nadie se le puede exigir que deje morir a su propio hijo para salvar a un desconocido, es decir, el que hiciera tal acción es un héroe moral y así se acuño la expresión.
Esto que les estoy contando lo pueden ver en una escena de Los Vengadores 1, en dicha escena el Capitán América y dice a Tony Stark, Iron Man; que él es un egoísta que no sería capaz de dar su vida por los demás. El Capitán le está pidiendo, mejor dicho, le está exigiendo a otro algo que está más allá de lo que se puede exigir a nadie; le exige que dé su vida por otros, que se sacrifique por otros aunque sean unos perfectos desconocidos para él, mientras Tony Stark le contesta que qué sentido tendría realizar tal sacrificio. Curiosamente en la última película de Los Vengadores Tony Stark se sacrifica para salvar a todo el mundo del villano y sus esbirros. Aunque estos actos son muy bonitos para las películas o muy llamativos para darlos en las noticias cuando se dan en la realidad parece cuando menos exagerado pedir a nadie que realice tales actos, tanto es así que desde el mismo consecuencialismo se desarrolló el concepto de deberes especiales, que son aquellos que tienes para contigo mismo y para con tus seres queridos, y así evitar esta dura crítica ya que estos te libran de las exigencias consecuenciales cuando el daño propio o el que deba hacer a una persona cercana sea muy alto.
En las últimas semanas he leído y oído a mucha gente pedir a otros que sean héroes morales poniendo en riesgo su puesto de trabajo y sustento para beneficiar con su acción a terceros. Como hemos visto desde la ética no se puede exigir a nadie tales sacrificios personales. Ser un héroe moral es un acto espontáneo y desinteresado, y nunca algo exigible a nadie en ninguna circunstancia.
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