Javier Azcárraga Gómez, coronel jefe de Estado Mayor (EMAD) de la Comandancia General de Ceuta, dejará su cargo el día 18 y el 20 tendrá lugar el acto de relevo por parte del coronel Sabaté.
Todavía no sabe con seguridad cuál será su próximo destino, pero a este valenciano apasionado por la artillería no le preocupa.
–¿Ha sido este su primer destino como militar en Ceuta?
–Hace 30 años estuve, pero sólo de turismo. La verdad es que, cuando hace dos años llegué aquí, ya dije que, siendo mediterráneo como soy, de Valencia, en una ciudad con tanto mar y tan luminosa me iba a encontrar bien a la fuerza. También es una ciudad con muchos atractivos a nivel personal.
–¿Se va contento de su trabajo como jefe de Estado Mayor?
–Básicamente sí, porque somos ambiciosos, exigentes con nosotros mismos, y somos en cierto modo perfeccionistas. Llegados a algunos puestos de responsabilidad, con más razón. Queda la duda de si se podría haber hecho más. Pero ves los temas que has tenido que tratar, y no ves ningún fracaso. Estoy satisfecho con la labor.
–¿Están satisfechos sus mandos con usted?
–No se trata de tener el reconocimiento, sino de merecerlo. Tácitamente, que simplemente el comandante general me diga “ah, pues bien, Javier”, es suficiente. Porque se lo dice a todo el Estado Mayor. Que haya una recompensa expresa es agradable, pero no se busca.
–¿Siente que ha conseguido mejorar la coordinación de la Comandancia?
–La Comandancia es mucho más que el Estado Mayor y me excede. Sufrió una remodelación no muy importante, cuyas secuelas viví. Tuvimos que llevar a la práctica algunas cosas que no se habían consolidado. Hay criterios, en esto, incluso superiores al comandante general. Hubo que afinar, durante los primeros meses, ciertos procedimientos de relación. Respecto a la organización del Cuartel General, he hecho algunos ajustes, porque la realidad es tozuda.
–¿Cuáles?
–Lo más significativo y que está en la opinión pública son las relaciones con la Subinspección General del Ejército, la SUIGE. Algo que se conoce muy bien en Ceuta, pero si yo hablo de la SUIGE en otras plazas y no se comprende. Ha sido necesario redefinir la comunicación. Antes ciertos asuntos era competencia directa del comandante general, y las relaciones eran algo más rápidas. Ahora son ellos quienes deciden, basándose en la criterio de aquí.
–Es decir, se ha conseguido una buena relación
–Sí, aunque comprendemos que desde los estamentos civiles no se comprenda muy bien que decidan órganos ajenos a la ciudad, pero la adaptación ha sido satisfactoria.
–El siguiente coronel jefe de EMAD, ¿a qué retos tendrá que enfrentarse?
–Entiendo que se referirá a la nueva base. No son competencia del nuevo Estado Mayor, pero afectará sobre todo en las primeras semanas o meses al funcionamiento diario. Conseguir que esa coordinación con la nueva USBA sea fino y tenga las menores consecuencias en la instrucción, es algo a lo que, seguramente, el coronel Sabaté deberá estar atento.
–¿Alguno más?
–Respecto a la instrucción, de acuerdo a los cometidos de preparación, así actuará. De un año a otro hay continuidad, cada plan de instrucción trabaja de un año con vistas al siguiente, sin perder el horizonte. Es una labor fundamental, y seguir con la continuidad en las misiones de adiestramiento, y asignar a las unidades de acuerdo con sus capacidades.
–¿Tiene más importancia que en otras el coronel jefe de Estado Mayor?
–La diferencia con otros puestos es la relación con la SUIGE y con las autoridades civiles, algo único en España en una comandancia de este nivel, de general de división. La interacción del Estado Mayor con la Ciudad no se da en otras plazas, excepto en Melilla. También es algo que no se da ni siquiera en unidades, es disponer de todas las armas del Ejército de Tierra en la plaza.Es un privilegio.
–¿También es una mayor responsabilidad?
–Sí, puedes influir más que en otras plazas, pero en un sentido positivo, por supuesto. Es una responsabilidad coordinar la actuación de todas las unidades de Ceuta. Todo privilegio es una responsabilidad, pero está en nuestros lemas el amarla, y eso significa retos diarios pero, sobre todo, no nos asusta.
–Un militar no busca el reconocimiento. Siendo un trabajo de oficina, ¿es incluso más difícil obtener ese reconocimiento? ¿Qué importancia tiene?
–¿Es trabajo de oficina? Indudablemente, tengo ciertas montañitas de papeles. Pero tiene una plasmación directa en el funcionamiento de las unidades. El comandante general nos exige que el trabajo no acabe en el buen análisis y la decisión. Hay que bajar al barro, ir al campo, ver las unidades, y hacer un seguimiento con las propias unidades. En el proceso, mucho teléfono con los jefes de unidad y comprobar que es factible.
–¿Es bueno el nivel de las unidades en Ceuta?
–Sí, es fantástico y estupendo. Los jefes lo son, los mandos subalternos también, y hemos tenido la suerte de que se marcaron unos objetivos de cobertura de las unidades, y alcanza casi el tope que marcó el Jefe de Estado Mayor del Ejército.






