Se acerca la Navidad y con ella el olor a castañas, un olor que invade Los Rosales de la mano de Hassan Mohamed, un castañero que se ha ganado el cariño de todos los vecinos en Ceuta con más de 20 años de historia en su pequeño puesto de castañas y más de 30 en el kiosko de la zona.
Su figura, siempre cercana y dispuesta, se ha convertido en un símbolo del barrio, un recuerdo de las tradiciones que parecen quedar congeladas en el tiempo.
Con la caída de la tarde
Apenas cae la tarde, en torno a las 18:00 horas, y empieza a refrescar, la barriada se llena de ese aroma inconfundible que anuncia que Hassan el castañero ya ha encendido el carbón.
Su puestecito, sencillo y pequeño como a él le gusta, es un punto de encuentro, un rincón que parece detener el reloj en cuanto uno se acerca.
“Son 20 años”, recuerda haciendo cálculos cuando habla de cuánto tiempo lleva vendiendo castañas en el mismo lugar. Y lo cuenta como el que empezó ayer mismo: “Un día me dio el punto y dije yo tengo que vender castañas. Y así, poquito a poco, hemos ido aprendiendo”.
Esencia única
Ese aprendizaje, dice, no ha cambiado su esencia. “A la vieja usanza. Igual”, así sigue cocinando este castañero su tradicional producto.
Para él hay un modo preciso de hacer las cosas, y es el que le enseñaron los castañeros de antes: el carbón, las anafes largas y la olla llena de pequeños boquetes por abajo para que entre el calor. “Olla sobre olla, como se ha hecho siempre”, repite con gesto amable.
Solo la leña ha quedado atrás, porque ya no se puede usar, pero por lo demás, conserva lo aprendido intacto.
Un trabajo invisible detrás
Lo que muchos vecinos desconocen es el trabajo que hay detrás de cada cucurucho de castañas calentitas que reciben con las manos frías en pleno invierno.
“Muchas horas”, confiesa. Entre cortar cinco o seis sacos, una labor que se lleva de tres a cuatro horas, y preparar el fuego, su jornada empieza mucho antes de abrir el puesto.
Una vida en Los Rosales
Cocinar una buena tanda de castañas lleva unos treinta minutos, siempre y cuando el fuego esté “normalito”, porque si se dispara, “se quema, y eso son pérdidas”.
Hassan conoce esta barriada como pocos. “Me he criado aquí”, dice. Antes de ser castañero, ya era parte de la vida del barrio.
Llevaba el kiosco que aún se ve detrás del puesto, un negocio que abrió en 1989 y que mantuvo casi tres décadas. “Gracias a Dios hemos comido, hemos criado niños”, dice con palabras cargadas de gratitud. Un negocio que decidió terminar “por cansancio” hace dos años.
La llegada de octubre
Con la llegada del mes de octubre, los vecinos ya esperan a Hassan, cuando arranca la temporada, y lo despiden dos meses después.
Hassan ha querido compartir alguna anécdota con sus clientes. “Un chaval vino a comprar castañas y me pidió pagar con tarjeta”, cuenta entre risas. Como no tenía datáfono, le regaló la bolsita y le dijo que se la pagara otro día.
Al poco tiempo, el joven volvió y, además de pagarle, le propuso grabarle un vídeo para TikTok. “Me hizo dos… y la verdad es que ha aumentado la venta”, dice todavía sorprendido de cómo funcionan las cosas hoy.
Horario
Su rutina es sencilla, cada día abre entre las 18:00 o 19:00 horas y cierra alrededor de las 23:30 horas de la noche.
El castañero Hassan tiene claro que su secreto está en la calidad de sus castañas. “Si la castaña es buena, la venta es buena, eso es lo más importante”, afirma. Y, sobre todo, dice, no se puede correr. “Hay que darle su tiempo a las castañas cuando se hacen para que la gente se vaya contenta y vuelva otra vez”.
Cuando se le pregunta cuánto tiempo más piensa seguir viniendo al puestecito, no lo duda, “hasta que tenga salud. Si Dios quiere, todo lo que pueda”.
Una presencia querida
Eso es Hassan para Los Rosales: una presencia querida, un aroma que anuncia la Navidad y un gesto amable detrás de cada cucurucho caliente que acompaña en los días de frío y lluvia, sobre todo en estos últimos, asegura Hassan.
Veinte años después, este castañero sigue iluminando las tardes frías con su fuego, sus historias y su forma de entender aquello a lo que se dedica: hacerlo bien, con cariño y como siempre se ha hecho.






MI ASOMBRO ES EN TETUAN DONDE OSCILAN EL KILO DE ESTE MANJAR TAN EXQUISITO ENTRE 1.5 EUROS OTROS A 2,3 Y 4 EUROS EN LA PENINSULA VAMOS POR LOS 10 EUROS CASI SEGUN QUE CIUDAD, LA DE CEUTA EL PRECIO LO DESCONIZCO.
Grandísima persona, lo conozco desde que era un niño El lugar que ocupa su quiosco esta a escaso 10 metros de lo que fue mi casa.