Hay pequeños gestos que pueden salvar vidas. Gestos como los protagonizados esta mañana por unos ceutíes que han alertado del intento de salida de Ceuta a la Península de un subsahariano a bordo de una balsa playera.
Una toy de las que usan los niños pequeños para sus juegos infantiles de verano. Partir en estas condiciones era una auténtica temeridad.
Este subsahariano había amarrado a esta balsita varias bolsas con corchos para darle flotabilidad. Una idea peregrina propia de una persona que necesita ayuda ya que presenta comportamientos que hacen presumir que tiene mermadas sus facultades mentales.
De hecho, rechaza su entrada en el CETI, centro de estancia temporal de inmigrantes. De momento, su día a día se centra en deambular y dormir en los montes.
Salida abortada gracias a la mediación de ciudadanos

El joven ya es conocido por la zona de San Amaro, San Antonio y Santa Catalina. Frecuenta estos lugares y llama la atención porque en pleno aviso amarillo por altas temperaturas va cubierto con varias prendas, entre ellas una chaqueta de chándal con capucha.
Esta mañana, en su pensamiento estaba echarse al agua ocupando una balsita playera de niños a la que había amarrado esas bolsas con corchos en su interior, como si fueran flotadores complementarios. Los subsaharianos no suelen nadar correctamente lo que incrementaba aún más el riesgo.
Ciudadanos que se encontraban por la zona de la playa de Santa Catalina y un trabajador de una entidad municipal advirtieron de la situación, comprobando además que este joven no se encuentra mentalmente bien.
Alerta a las fuerzas de seguridad

Además de alertar a las fuerzas de seguridad para que acudieran a la zona-aunque finalmente no actuaron-, entre todos cooperaron para hacerle desistir de una idea que podía atentar contra su propia vida.
Se ha retirado de la zona la balsa playera transformada en una especie de objeto de pase que hubiera tenido fatales consecuencias para este subsahariano.
Sucesos de este tipo ponen el foco en lo que está pasando con aquellos inmigrantes que llegan a Ceuta, que no tienen sus facultades mentales aptas y terminan atrapados en una especie de callejón sin salida, puesto que rechazan vivir en el CETI, pero pueden crear situaciones de riesgo incluso contra su propia vida.






