Entre los amantes de los gatos suele ser habitual el dicho de que no es la persona quien adopta a este felino, sino que es éste quien elige a ‘su humano’. Quizá muchas personas dudan de esta afirmación, pero el caso de Gandhi, un gato callejero que vivía en los jardines de los alrededores del Parador Hotel La Muralla, puede hacer cambiar de opinión a más de uno. Tal vez fue una elección mutua, porque para Almudena Martínez, una cliente de dicho hotel, entre ella y Gandhi nació una corriente de afecto mutuo que ha terminado en un final feliz.
“En Semana Santa estuve en el hotel y un día se nos acercó un gato muy delgado, sucio y con una herida en la pata que le impedía apoyarla. Estaba en los jardines de fuera y en cuanto lo llamé vino corriendo hacia mí maullándome”. Así comenzó una bonita historia entre esta ceutí que lleva 20 años en Madrid, pero que suele venir habitualmente a su ciudad de origen.
Aunque en un primer momento, su intención fue llevárselo a la capital, los trámites que ello implica la llevaron a replantearse esta decisión. “Mi marido me decía que lo adoptáramos, pero no estaba vacunado, ni esterilizado y ya habíamos tenido una experiencia anterior en la que no pudimos pasar una cría porque en la aduana de Algeciras nos pidieron los papeles”.
Así las cosas, el afecto entre Almudena y Gandhi iba cada vez en aumento. “Desde el principio me engatusó, lo llamaba y se me subía encima, era muy cariñoso y yo iba a darle de comer y pasaba un rato con él”. El momento de la partida llegó finalmente y para Almudena fue un instante muy duro. “Me fui llorando, porque no paraba de pensar en el rincón que vivía, allí solo, pasando frío y hambre y con su pata herida”.
Lejos de olvidarle, Almudena no dejaba de pensar en Gandhi, “fue el nombre que le puse por ser tan bueno”. Intentó contactar con la Protectora de Animales “para que al menos lo recogieran y le buscaran casa”, pero finalmente localizó a miembros de la Asociación Cultural Amigos de los Gatos, momento en que Almudena ya tenía claro que ese gato tenía que vivir con ella. “Yo ya tengo otro gato, pero no paraba de pensar en él y decidí que iba a adoptarlo”.
La preocupación de esta animalista por Gandhi llegó a tal extremo, que ella misma llamó al hotel para preguntar por el animal. “Hablé con uno de los recepcionistas que me dijo que lo había visto y ya me tranquilicé”.
Comienza entonces una búsqueda del animal por parte de algunos miembros de Amigos de los Gatos. “Cuando contactó con nosotros, fuimos varias veces a buscarlo, pero nunca lo encontrábamos. Nos desesperamos al pensar que pudiera haber desaparecido, pero finalmente un día lo recogimos y comenzamos todos los trámites, vacunación e intervención para esterilizarlo de modo que pudiera irse a Madrid”, explica Clara Benítez, vicepresidenta de la entidad y una de las personas que acogió a Gandhi en el postoperatorio. “Después pasó a casa de un familiar de Almudena que se lo llevó hasta que ella vino a Ceuta a recogerlo”.
Hace unos días, se produjo el feliz encuentro. Almudena regresó a Ceuta a por el gato que le había robado el corazón y Gandhi se acomodó en su regazo reconociendo a la persona que le iba a dar la oportunidad de conocer un hogar.
Ambos están ya en Madrid y, aunque Salem, su otro gato de dos años, aún no termina de aceptar al nuevo inquilino, para Gandhi la adaptación a su hogar ha sido muy sencilla. “Desde el primer momento se ha acoplado perfectamente, duerme conmigo y sigue siendo el maravilloso gato que conocí en el parador”.
Esta es una historia con final feliz del gran afecto que puede surgir entre una persona y un animal callejero. A Gandhi le ha cambiado la vida y Almudena ha obrado como le ha dictado el corazón: luchando hasta conseguir sacar de la soledad de la calle a un animal que siempre le pagará con mimos y caricias.











