La supervivencia del suministro de agua en Ceuta pasa por la tecnología. Mientras que la mayoría de territorios españoles miran a la climatología y al estado de sus embalses, la ciudad depende de la salud técnica de una infraestructura, como es la planta desalinizadora de Playa Benítez.
Tan es así, que la propia Demarcación Hidrográfica de Ceuta, dependiente de la Confederación del Guadalquivir (CHG), recoge en sus documentos la importancia estratégica de la desalación para que el agua potable llegue con garantías y sin cortes en el servicio a los hogares ceutíes.
Aparece reflejado con nitidez en el Esquema provisional de Temas Importantes (EpTI) para el cuarto ciclo de planificación (2028-2033) elaborado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y que pone negro sobre blanco que la planta desalinizadora “constituye la pieza central del sistema y su fiabilidad determina, de manera directa, la garantía de suministro”.
Tras su reciente ampliación, la instalación ha incrementado su capacidad desde 21.000 hasta 31.000 metros cúbicos diarios, lo que equivale aproximadamente a 11 hectómetros cúbicos al año. Además, se han incorporado mejoras sustanciales en postratamiento, filtración bicapa y sistemas de recuperación de energía. “La desalación, por tanto, ha pasado de ser un recurso complementario a convertirse en el pilar básico del abastecimiento de Ceuta”.
El Esquema provisional de Temas Importantes (EpTI) constituye la segunda etapa para la revisión del Plan Hidrológico, al identificar los principales retos que afectan a la gestión del agua y plantear distintas alternativas de actuación para cada demarcación. De hecho, la CHG está desarrollando jornadas públicas para exponer el contenido de estos documentos a las entidades y público en general. En Ceuta, ese encuentro público está previsto para el 4 de febrero.
Los embalses y manantiales son insuficientes
Junto a la desalinizadora, el sistema cuenta fundamentalmente con los embalses del Infierno y El Renegado, infraestructuras cuya capacidad de regulación es limitada, pero que permiten amortiguar situaciones de variabilidad temporal. Además, la estación de tratamiento de El Renegado, capaz de tratar hasta 35.000 metros cúbicos al día, opera de forma integrada con la desaladora, permitiendo gestionar de manera flexible el origen del agua tratada en función de la disponibilidad y calidad del recurso.
“Esta integración aumenta la resiliencia del sistema, aunque no compensa la vulnerabilidad inherente a una estructura en la que la desalación es absolutamente crítica”, sentencia la CHG en su informe.
A estos recursos se suman aportes externos, como los manantiales de Beliones, que pueden proporcionar hasta 7.000 metros cúbicos diarios, pero cuyo uso se limita a situaciones puntuales, así como el suministro mediante buque tanque, previsto únicamente para episodios severos derivados de fallos prolongados en la producción de agua desalada.
Cortes de luz o mala calidad son los riesgos para la planta
Por tanto, Ceuta sigue siendo especialmente sensible a incidencias técnicas en la desalinizadora, como pueden ser interrupciones prolongadas en el suministro energético, problemas en la captación de agua de mar o episodios de mala calidad asociados a temporales marítimos. Incluso con las mejoras ya introducidas, “el sistema continúa dependiendo de un único recurso principal cuya interrupción comprometería de forma inmediata el abastecimiento urbano”. Por ello, la planificación hidrológica de la ciudad “deberá mantener como prioridad la consolidación de la resiliencia del sistema”.
Este plan de la CHG de cara al futuro, a cuyo contenido ha tenido acceso este periódico, no solo hace un diagnóstico de la realidad hídrica de Ceuta, sino que también pone tareas a las administraciones para que ejecuten en los próximos años una serie de proyectos, acciones que estarán vinculadas a las asignaciones presupuestarias que las entidades públicas vayan acordando.
En el informe, que está en fase de información pública, la CHG señala las seis decisiones “estratégicas” que se deben adoptar en la ciudad y que pasan, en primer lugar, por reforzar la capacidad de la desaladora y garantizar la “redundancia en caso de averías”. Además, es necesario diversificar las fuentes de suministro, ampliando el papel de la reutilización y explorando la captación pluvial y el uso sostenible del acuífero.
A ello hay que sumar la mejora de la eficiencia del sistema de abastecimiento, reduciendo pérdidas y manteniendo la dotación por debajo de los 260 litros de agua por habitante y día. También se reclama revisar los umbrales de los Planes de Sequía, adaptándolos a la nueva capacidad de la desaladora y embalses e incorporando escenarios de emergencia “más realistas”.
Hay que ampliar el uso de aguas regeneradas de la EDAR

Las prioridades también deben asegurar la sostenibilidad económica y energética del sistema, impulsando mejoras tecnológicas y la integración de energías renovables, así como compatibilizar la garantía de suministro con los objetivos ambientales, protegiendo captaciones y masas de agua, y evitando el deterioro de su estado ecológico.
A todas esas exigencias se unen las denominadas decisiones operativas, entre las que están implantar una red de control piezométrico y de calidad de aguas subterráneas, con sistemas automáticos de alerta de intrusión salina; campañas de racionalización del consumo urbano, promoviendo el ahorro y un uso eficiente del recurso; la optimización de la red de distribución mediante la reducción de pérdidas y la modernización de los sistemas de control.
Pero hay más, como nuevas actuaciones en el ciclo integral del agua con mejoras en abastecimiento, saneamiento y depuración; ampliar el uso de aguas regeneradas de la EDAR, extendiendo la red de reutilización para riego, baldeo, refrigeración y usos industriales; y la modernización de la ETAP de El Renegado, reforzando su integración con la desaladora y mejorando la seguridad y calidad del tratamiento.
Los recursos hídricos naturales de Ceuta son escasos
Todas estas necesidades se abordan en el Esquema provisional de Temas Importantes (EpTI) para el cuarto ciclo de planificación (2028-2033) porque la Demarcación Hidrográfica de Ceuta presenta unas características singulares que condicionan de forma decisiva la garantía de suministro. El abastecimiento urbano es prácticamente el único uso del agua (95%) en el territorio, y esto confiere al sistema una marcada dependencia de la disponibilidad y fiabilidad de los recursos destinados al consumo humano.
La escasez estructural de recursos naturales y la muy limitada capacidad de regulación hacen que cualquier análisis de garantía se centre, necesariamente, en la capacidad real del sistema para mantener un suministro continuo ante situaciones de vulnerabilidad. Los recursos hídricos naturales disponibles en Ceuta “son reducidos y presentan una elevada variabilidad interanual”.
Las aportaciones superficiales procedentes de barrancos y arroyos apenas alcanzan los 2,95 hectómetros al año, mientras que los recursos subterráneos suman unos 0,75 hectómetros. A pesar de la presencia de diversos manantiales, “no se dispone de estimaciones cuantitativas fiables que permitan incorporarlos de forma significativa al balance”, alerta la CHG.
“La disponibilidad natural de agua resulta insuficiente para garantizar la cobertura estable de la demanda urbana, especialmente durante periodos secos o ante situaciones de sobreconsumo puntual”, asegura la Confederación. Por ello, insiste en que la conservación y mejora técnica de la desalinizadora es el único seguro para el abastecimiento en el futuro.
El plan vigente contempla inversiones en Ceuta por 54 millones de euros para el periodo 2022-2027 por parte de todas las administraciones, si bien la CHG indica en sus documentos que no todas las acciones se han llevado a cabo. Incluso reconoce que la evolución de las medidas, un total de 20 en la ciudad, “está siguiendo un ritmo más lento del esperado y que existen dificultades para conocer el estado de ejecución de muchas de ellas”.






