El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, aspira a que la frontera inteligente pueda funcionar en meses aportando mayor seguridad a la línea fronteriza entre España y Marruecos, así como celeridad.
La incorporación de países que no han cumplido aún con las exigencias debidas lleva a que se hayan incumplido los compromisos anunciados de manera oficial hasta el momento.
Grande-Marlaska sitúa el mes de octubre como la fecha barajada para que se apliquen las nuevas medidas de control en un punto de elevado tránsito que se ve acrecentado con motivo de la OPE.
Tanto en Ceuta como en Melilla esas fronteras inteligentes estarán operativas cuando países como Francia, Alemania o Países Bajos tengan ya listos sus dispositivos. La clave radica en que el sistema de control debe activarse a la vez en Europa, pero habiendo países que no han cumplido los plazos, no se puede ordenar la operatividad solo en unos puntos.
En España todo se ha preparado para que los sistemas de control se adecuen a una realidad fronteriza de presión que, a su vez, necesita de una seguridad suficiente en unos tiempos en los que la cooperación entre España y Marruecos es clave a muchos niveles.
Se ha trabajado por dar un giro al sistema, implantar un antes y un después en un espacio fronterizo que durante muchísimos años estuvo abandonado y sometido a la más absoluta de las anarquías. Las fronteras de Ceuta y Melilla deben ser pasos dignos, alejados de lo tercermundista y propias de una modernidad que redunde en un mejor y mayor control.







Para que tanta frontera inteligente, si despues se cuelan a diario por el mar, tierra, y aire tropecientos.