De nuevo Ceuta, la frontera. De nuevo una ciudad colapsada por la decisión adoptada por Marruecos de evitar la entrada de porteadores. El resultado lo volvemos a sufrir: una ciudad incapaz de ofrecer una respuesta y cientos de vehículos buscando cómo ‘hacer noche’ en la ciudad. Y en medio de la incapacidad manifiesta de una Delegación del Gobierno que solo sabe prometer y escurrir el bulto, estamos los demás, los ciudadanos afectados porque no pueden llegar a sus casas o porque ni tan siquiera pueden comunicar con el Hospital. Esta es la realidad a la que se enfrenta una Ceuta que durante muchos años no ha hecho sus deberes ni ha dispuesto de medios para afrontar repuntes y crisis como las que acostumbran a focalizarse en este entorno. La dependencia con lo que decidan los jefes de la frontera marroquí es tal que muestra sus mayores vergüenzas en momentos como los de ayer.
Al cierre de esta edición los porteadores seguían sin poder salir a su país, buscando huecos en donde dejar aparcados sus vehículos y pasar la noche con la mercancía, expuestos a los robos organizados por las bandas de ‘los capuchas’, quienes no tienen miramiento alguno en extorsionar, golpear, vejar y robar a los hombres y mujeres que viven del tráfico de bultos.
No se preocupen que siempre habrá una excusa. ¿No se han dado cuenta de que la culpa nunca la tienen en la plaza de los Reyes, que siempre hay una razón externa para justificar lo que ocurre? Quienes están mandados a tomar decisiones, a marcar las líneas de actuación se amparan en todas las formas posibles de evitar asumir lo que se le exige por su cargo. Nada más.
En la noche de ayer los porteadores dejaban sus vehículos por toda Loma Colmenar llegando hasta la zona del Hospital. Se bloqueaban todas las comunicaciones constituyendo un auténtico infierno el poder llegar a las distintas barriadas de residencia de muchos ciudadanos. A esto hay que añadir lo que les esperaba a personas que habían entrado en Ceuta a comprar la mercancía y a los que se les había impedido la salida, quedándose expuestos a lo que pueda suceder en una ciudad cuya apariencia y operatividad quedaban mermadas. Anoche se podía ver a conductores dando vueltas con sus vehículos porque no sabían ni dónde dejarlos, quedando retenidos muchos de ellos y embolsados en llanos de los que no podían moverse. Una auténtica locura, una evidencia de las debilidades de una ciudad que queda expuesta, cual pollo sin cabeza, a unos jefes de puerta. Sin reacción, pero con individuos que cobran para tenerla.
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