Hoy he vuelto a dormir mal. Llevo unos cuantos días muy inquieto con todas las cosas que tengo pendientes. Me desperté a las 5:15 h y ya no podía recuperar el sueño. A las 6:30 h puse el despertador para venir a contemplar el amanecer. Las previsiones decían que hoy podríamos disfrutar de un buen amanecer y así está siendo. Después de mucho tiempo una amplia franja anaranjada se extiende por el horizonte y la luna se observa en su fase decreciente. Pronto acabará el ciclo lunar y con él el Mes Sagrado del Ramadán. Son las 7:10 h y el arrebol comienza a hacerse presente.
El día empieza a clarear y comienza a dominar el celeste del nuevo día. La tonalidad rojiza del amanecer no deja de extenderse por todo el horizonte y ya llega a Cabo Negro. En Ceuta las nubes oscuras y negras cubren el paisaje. Parte de estas nubes se desplazan hacia oriente empujadas por el frío aliento de Céfiro.
Ya no necesito la linterna que me pongo en la frente para poder escribir en la oscuridad.
Queda un cuarto de hora para la salida del sol y llega un refuerzo de nubes para tapar el cielo celeste. Son nubes que se mueven con relativa rapidez.
Aparece una pareja de cuervos. Uno de ellos se encarama al poste y el otro sobrevuela la cala del Desnarigado. Al unísono, las gaviotas de Audouin despegan de sus dormideros y empiezan a volar en círculo a pocos metros de los acantilados del Camino de Ronda. Da la impresión de que han querido estirar las alas.
A las 7:30 h soplan gélidas ráfagas de viento. Espero la salida del sol para que caliente mi cuerpo. Quedan apenas cinco minutos. Una ranura rojiza y luminosa aparece en el lugar donde emergerá el sol. Lo hace a las 7:32 h. Ofrece un color entre rojizo y dorado. Su posición está alineada con el fuerte del Desnarigado y el mirador de Santo Matoso desde el que contemplo el amanecer. Asciende lentamente para, poco después, ocultarse tras las nubes. Al hacerlo tintan las nubes cercanas con su tonalidad rojiza.
El viento desplaza las nubes, como si quisiera descorrer el telón que impide ver un espectáculo fascinante. Yo aguardo expectante a que la mano divina que mueve las nubes acabe su trabajo. Me preparo para ser testigo privilegiado de una explosión de luz en forma de haces luminosos que se proyectan en el mar y que dibujan una senda de luz dorada que comunica al sol con el fuerte del Desnarigado. Con las primeras luces del día se observan pequeñas olas blancas que se confunden con las gaviotas.
Ya no es posible mirar directamente el rostro redondeado y dorado del sol que ha quedado completamente despejado. Su luz radiante anima a los bulbues naranjeros a iniciar sus melodiosos cantos.
A las 8:00 h escucho el toque de corneta con el que comienza la jornada de trabajo en la fortaleza del Hacho. Los sones militares se mezclan en Ceuta con los graznidos de las gaviotas. Mar y ejército son las enseñas reconocibles de Ceuta y los símbolos de su patrimonio cultural y natural.
El sol vuelve a esconderse tras las nubes. Lo siento en el frío que tengo, en el oscurecimiento del día y en los rayos luminosos que rompen las nubes. Me pongo en movimiento para entrar en calor y estirar las piernas. Llevaba casi una hora sentado contemplando el amanecer y escribiendo.
Escucho a una primilla cerca del mirador que termina posándose en el cercano poste de la luz, desde el que emite con fuerza sus agudos chirridos.
EL cielo se está oscureciendo y, como consecuencia, también lo hace el mar. Nubes grisáceas toman Ceuta y es posible que descarguen lluvia.
Hace frío en la bahía, en concreto en Punta Almina. Bajo hasta el fortín del mismo nombre disfrutando de la fragancia que desprenden las primeras flores de los erguenes y los escobones. Sus flores amarillas contrastan con el verde de la hierba y el verdiazul del mar.
Desde el edificio de la Sirena de Punta Almina observo el vuelo de una pareja de jóvenes cormoranes que sobrevuelan los acantilados y se lanzan en picado al mar para pescar. Me quedo absorto contemplando la belleza de los afilados y altos acantilados entre Punta Almina y la Punta de las Cuevas. También sigo con la mirada a un alcatraz y a las gaviotas patiamarillas que aquí anidan.
El mar está grueso y erizado por el viento de poniente. Este es un lugar de increíble belleza en el que siento la fuerza del mar y del viento. Aquí los sentidos se despiertan y experimento un profundo sentimiento de amor a la naturaleza y una emoción que recorre mi cuerpo como si fuera una descarga eléctrica. Me siento observado por unos dioses que reclaman la autoría de la belleza de este sitio. Mi imaginación vuela con la misma altura y elegancia de las gaviotas y me permite ver con los ojos del corazón lo que es y podría ser esta lugar si fuera cultivado por la mano cariñosa de los seres humanos.
En este momento están restaurando el edificio de la Sirena de Punta Almina, pero sigue abandonado.
Comienza a llover de manera débil y con esta lluvia me alcanza un pensamiento o, más bien, un deseo: quisiera que mis escritos sobre la naturaleza de Ceuta sirvieran al noble propósito del reconocimiento de la sacralidad, la magia y la belleza de Ceuta. No anhelo la fama y, mucho menos, el poder y el dinero.
Me siento muy bien remunerado con todas las experiencias significativas, las emociones sentidas y los pensamientos que han visitado mi mente y he podido plasmar en mis cuadernos.
Ayer leí una encuesta en la que se decía que Ceuta es el lugar de España que ofrece la peor calidad de vida a sus habitantes. No hace falta decir que disiento de esta opinión emitida, con toda seguridad, por personas que nunca han visitado Ceuta. Quienes lo han hecho y vivimos aquí sabemos que en pocos sitios se vive como en Ceuta. Cada día que pasa aprecio más la hospitalidad y bondad de sus gentes, la esencia y sabiduría que desprenden, así como con la belleza de sus paisajes y los indescriptibles colores de sus amaneceres y atardeceres. La fuerza vital empapa y envuelve este lugar mágico y mítico que atrae a innumerables formas de vida, sobre todo a los seres humanos que a lo largo de la historia han encontrado aquí un refugio para sus embarcaciones y un esplendido espacio en el que vivir, amar y morir. Puede que algunos que lean estas palabras me acusen de no ser objetivo, pero, ¡Quién lo es cuando ama a un lugar con toda su alma! El amor es lo que nos hace sentirnos vivos y lo que da sentido a una vida en la que también nos acucia el sufrimiento y el dolor.
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