No hay campaña que se precie sin frontera del Tarajal. Es visita obligada para los políticos que desembarcan en Ceuta, visita obligada a la línea más tercermundista de las fronteras que dice proteger Europa y que arrastran un notable déficit de inversiones acertadas. Porque en el Tarajal se ha gastado dinero, pero mal. Y porque en el Tarajal nunca se han tenido en cuenta las opiniones de los expertos.
Es así como Ceuta luce esa línea que la separa de Marruecos sin capacidad para garantizar una seguridad a los agentes que prestan allí servicios y un control sobre todo lo que se mueve en su entorno. Nadie es capaz de garantizar con exactitud lo que entra y sale por ese paso, nadie es capaz de ejercer un control seguro. Este mismo verano un alocado kamikaze lo demostró dejando en evidencia los controles en Marruecos, primero, y en Ceuta después.
La campaña electoral ha incluido la visita de los políticos que han desembarcado en la Perla en este punto fronterizo. Detrás de sus paradas, un séquito de periodistas. La foto es la foto, pero la carencia de soluciones también. Ceuta no dispone de una frontera propia del siglo XXI ni tampoco del número de agentes necesarios para garantizar su adecuado funcionamiento. No obstante sigue siendo parada obligada para la clase política. Este jueves lo será para el ministro de Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska, pero antes lo ha sido para Pablo Casado, Dolors Montserrat o Santiago Abascal. Todos y cada uno de ellos se ha detenido para prometer lo mismo: más seguridad y más agentes. Precisamente lo que llevan años incumpliendo.
Ni Europa cuida su Frontera Sur, ni atiende las quejas emitidas ni valora emprender cambios. Tampoco lo ha hecho España con distintos gobiernos, populares y socialistas. Sometida a los dictámenes de otro país que se inmiscuye hasta el funcionamiento o no de la misma, el Tarajal, o las trincheras del sur, constituyen ese apéndice olvidado que algunos valoraron extirpar y que se convierte en la puerta abierta a muchos de los problemas que hoy, poco a poco, están sangrando Ceuta.