La última es la petición al Defensor del Pueblo para que actúe. También al ministro de Asuntos Exteriores, como si este no supiera ya qué es lo que pasa en la frontera con Marruecos. El problema no va a ir a mejor, y lo más grave es que socialmente la única respuesta capaz de darse es esa de “pues no vayas a Marruecos”.
Así, con todo el odio y la poca vergüenza que encierra la frase. La trinchera que tenemos como frontera genera a diario situaciones inhumanas, escenas denunciables porque no se cumple una relación de mínimos.
Y esto, lejos de provocar una intervención inmediata, se deja perder en el tiempo como si no fuera lo suficientemente grave como para poner remedio con los recursos que se pueda. La unión de las obras en el paso marroquí y la adaptación a lo etiquetado como frontera inteligente han provocado una combinación desastrosa, tanto que las esperas en cola se cuentan por entre 6 y 8 horas. Hay quienes han tenido que soportar hasta 9 para cruzar.
La situación es tan grave que, como mínimo, debe despertar un interés de ambos países por solucionar lo que a pie de frontera sucede. Hace nada hemos dejado una RAN que ha terminado con el eterno mensaje de la cordialidad entre países.
En la práctica parece que nada funciona cuando las iras de los ciudadanos atrapados, lejos de cesar, van a más. Es incomprensible seguir mirando hacia otro lado o responder sin fundamento.
Lo inhumano de la frontera es para causar una reacción urgente o una denuncia al más alto nivel, con nombre y apellidos.







Que se retome el viejo proyecto de abriri otra Frontera en BENZU, seria una de las soluciones, aunque Marruecos no este por la labor, ya que su intencion es AMARGARLE LA VIDA A LOS CEUTIES