XXIV Memorial Paco Vallecillo. El escaso público que acudió al Teatro del Revellín, pese al buen elenco, supone un fracaso sin paliatiavos en la gestión publicitaria de la Ciudad
La Ceuta crisol de culturas, cacareada, en ocasiones, sin que la realidad se tenga en cuenta, sufrió ayer un revés considerable: tres gatos, con perdón, se dieron cita en el XXIV Memorial Paco Vallecillo celebrado en el Teatro Auditorio del Revellín.
Da igual que el espectáculo, organizado por la Tertulia Flamenca de Ceuta y que contó con la colaboración de la Consejería de Educación, Cultura y Mujer, fuera gratuito; que fuera erigido para rendir homenaje al fundador de una institución que cuenta con 43 años de existencia; que los artistas que salieron a escena pusieran calidad, corazón y alma a partes iguales. Qué más da, también, que el flamenco sea la más auténtica, y acaso ya la única, de las manifestaciones culturales que sobreviven en la pobre España de este tiempo. Así, el Memorial, en lo concerniente al público, fue un fracaso de tales dimensiones, pues apenas cien personas acudieron al Teatro, como ya sucediera con anterioridad en una elevada cantidad de espectáculos, que debería traer consecuencias, al menos para evitar caer en lo absurdo: crisol de culturas pero sin fomentar cultura.
Ajenos a esta situación, los artistas. Como Pepe Escobedo, presidente de la Tertulia, quien desplegó su arte y su luz; su quejío y su estilo dejando bien claro que su cante no pasa de moda. O como Amalia Andújar, Margary Meléndez y Yolanda Heredia, intensas sobre las tablas al son de ese toque, de ese duende que encandila de Antonio Carrión. No faltó el baile en el Memorial por Vallecillo, el que pusieron Clara Crespo y el Ballet Flamenco de Mariajosé Lesmes. Todo ello bajo la presentación de Ildefonso Álvarez. Todo ello bajo el amparo de una familia corta pero tan entrañable que merece otra cosa.








