La Ciudad se ha propuesto la retirada de las losetas resbaladizas del centro marcando plazos. Tras la Semana Santa quiere comenzar con las actuaciones para marcar el punto y final a lo que ha sido una auténtica pesadilla, amén de constituir un daño físico a muchos ciudadanos así como material para las arcas públicas, las del Ayuntamiento que en el fondo son las de todos.
La apuesta debe ser segura, no cabe otra. El error ha sido mayúsculo con consecuencias desastrosas debido a la mala elección de un material que no ha hecho sino causar todo tipo de accidentes.
El cambio de losetas es solo un detalle de la política de mejora del pavimento que debe ejecutarse ya que el Gobierno local tiene mucho que hacer con tramos inseguros, desniveles que no están acompañados de soportes, zonas que han sido harto denunciadas, pero no son arregladas…
La Justicia se ha encargado de sacar los colores a una administración que debería haber sido más rápida y eficaz ante este tipo de casos. Las condenas han sido cuantiosas y los percances también.
Con la actuación comprometida se espera el inicio de esa crónica encaminada a poner el punto y final a una auténtica pesadilla, aunque debe marcar un claro camino orientado a poner orden ante tantas deficiencias urbanísticas conocidas e incongruentemente mantenidas en el tiempo.






