Nunca he encontrado sentido a FITUR, al menos para Ceuta. De toda la vida ha sido un escaparate que parecía más orientado a la venta/exhibición de la clase política que a la obtención de resultados que beneficien las acciones turísticas locales. Empezó con mucho más bombo del que tiene ahora, eso es cierto. Se ha pasado del escándalo de aquellos años en los que iba hasta el apuntador a la actualidad en la que se acude incluso bajo mínimos.
FITUR es la feria donde hay que estar, nos dicen. FITUR es la feria donde hay que ‘venderse’, nos insisten. Y FITUR es la feria de donde siempre se traen acuerdos y logros.
Todo eso es lo que nos cuentan y nos ‘venden’, pero la realidad es bien distinta y los resultados turísticos para Ceuta no son nunca ni los que nos dicen haberse logrado ni los esperados en base a ese despliegue.
Los políticos acuden como si fueran a una nueva edición cutre de Idol Kids, recuperando los sueños de críos para salir en la foto, recibir al famoseo de turno y pillar el momento con el Rey. De ahí a que todo eso se materialice en algo que eleve el turismo a un yacimiento y potencial económico fuerte en Ceuta hay un camino bastante largo.
El lastre que tiene la ciudad al no disponer de determinados sectores que sí operan en el resto del país lleva a tener que fomentar otros de los que pueda vivir parte de su población. El turismo debería ser uno de ellos, siendo ciudad frontera de paso a Marruecos, con playas, con una luz envidiable, con un clima adecuado... tendría que recibir sola, sin esfuerzos importantes, a visitantes que huyen de otros puntos porque carecen de lo que aquí tenemos.
La mera combinación de sol y playa sumado al reclamo de estar a poca distancia de otro país que también tiene su propio potencial ya debería suponer un gancho importante sobre el que después trabajar. Pero en casa del herrero saben qué tipo de cuchara hay, y aquí hemos sido capaces de destrozar nuestras playas, nos hemos dormido en los laureles para saber adoptar políticas que las potenciaran y hemos incluso despreciado determinado tipo de turismo por mero paletismo.
FITUR, la feria del conocimiento, de los debates y de las inquietudes, no deja de ser el bluf de turno, muy bien presentado, pero un mero montaje.






