En Ceuta, como en la mayoría de lugares de España, los políticos siguen en lo suyo: se preocupan de sus intereses y de los de los suyos, y si sobra algo de tiempo o de presupuesto, ya se acordarán de lo que prometieron en campaña electoral o de lo que realmente reclaman los ciudadanos.
Quien haya convivido con una mascota sabe bien que no es “solo un animal”: es un miembro más de la familia. Cuando llega el momento de su muerte, lo normal es querer darle una despedida digna, ya sea mediante entierro o incineración. Sin embargo, en Ceuta la realidad es indignante: las mascotas fallecidas son dejadas en las clínicas veterinarias para acabar en un contenedor-congelador donde se mezclan todo tipo de restos animales. Cuando el contenedor se llena, se traslada a la península, donde son incinerados no sabemos dónde, cómo ni en qué condiciones. Una gestión que trata a nuestros seres queridos como simples desechos. Una vergüenza.
La solución ya la apuntó un compañero en la columna "El Cañonazo": mientras no exista un crematorio específico para animales, podría utilizarse el mismo que ya existe para personas. No supondría ningún problema técnico ni sanitario.
Eso sí, tampoco podemos olvidar que el crematorio actual para personas en Ceuta es, en sí mismo, una chapuza. Pero al menos existe. Para nuestras mascotas, ni eso.
La conclusión es clara: urge que las autoridades dejen de mirar hacia otro lado y doten a nuestra ciudad de un crematorio para mascotas. Porque lo que hoy tenemos no es un servicio, es una falta de respeto.






