Opinión

El estoicismo de lo cotidiano

Todos los días recibimos noticias e intentamos defender lo que pensamos. Llega un momento en que la hartura te hace que nada te afecte demasiado, que lo que no puedes cambiar ahí está, impertérrito testarudo, agarrado como una lapa que jamás se desprenderá de la roca.

Uno se cansa de explicar por qué Pedro Sánchez no es un golpista. Intentar convencer con argumentos es pedir peras al olmo.

A los inmigrantes se les da casa y una paga. Pero nadie te da datos que verifiquen su opinión.

Los Okupas están por todas partes. ¿Cuántos okupas conocen ustedes?

Los políticos roban, pero nadie va al juzgado a denunciarlo.

La Sanidad es un desastre, pero tenemos una de las mejores del mundo.

Las calles están sucias, pero poca gente se preocupa de ello. Sólo hay 35 denuncias oficiales por dejar excrementos de perro en la vía pública.

Bulos, verdades a medias, frases hechas, argumentos torticeros, falacias a camiones, negacionistas, conspiranoicos, asustaviejas, timadores de pacotilla.

Ni la guerra de Gaza, ni la de Rusia, ni el fascismo que cada vez apunta con más fuerza, ni el hambre, ni las pateras, ni los ahogados, ni el dolor ajeno.

"¿Sabrá un pez que vive en una pecera? ¿Sabrá un gusano que se convertirá en crisálida? ¿Sabrá una semilla que terminará siendo árbol? Nosotros sí sabemos pero nos empeñamos en ignorarlo"

El ESTOICISMO intenta llegar a una tranquilidad del alma asumiendo que nada cambiará, que el destino está escrito que "comamos y bebamos que mañana moriremos" que dominemos el dolor, el sufrimiento, la angustia vital y asumir que somos seres abocados a este juego de la vida.

Tocar el violín, como hicieron los músicos del Titanic cuando el barco se hundía.

Dice mi amigo Juan Manuel Molino, que un hecho no es nada, es la interpretación que hacemos de ese hecho: nuestra reacción, nuestra ira, nuestra rabia...son interpretaciones de lo que nos sucede.

Hace casi 20 años, en la casa de Juan Manuel y su esposa, nos reunimos para romper el ayuno en uno de los primeros días de Ramadán. Una compañera hizo un comentario que me desencajó por completo. He intentado durante dos décadas saber el porqué y no he obtenido respuesta.

¿Merece la pena? ¿Por qué nos empeñamos en buscar explicaciones? ¿Qué necesidad tenemos en ir desmintiendo y contrariarnos si somatizamos heridas que nunca cicatrizarán?

Recuerdo que una vez bajó el director del Siete Colinas a la sala de exámenes y me dijo: "En las redes sociales están comentando que has fallecido”. Intenté convencerlo de que no era cierto.

Pues así nos pasa, que parecemos títeres enfrentándonos a otros títeres y no asumimos que estamos sujetos a cuerdas.

¿Sabrá un pez que vive en una pecera? ¿Sabrá un gusano que se convertirá en crisálida? ¿Sabrá una semilla que terminará siendo árbol? Nosotros sí sabemos pero nos empeñamos en ignorarlo.

Yo a tirar mi CAÑONAZO; guste o no guste, que lo lean o no, que me corten el cuello o me aplaudan no depende de mí.

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