El Gobierno nos envió una declaración institucional para enrocarse en la defensa de la convivencia y rechazar cualquier provocación que la ponga en riesgo. Lo hizo después de no solo un pleno, sino varios, en los que los insultos, los deslices y determinadas frases no han ayudado más que a alimentar un ambiente de crispación en Ceuta. Este es el nivel: permitir una serie de tropelías para, luego, cuando llega el momento del acojonamiento por la reacción social que puede escupirnos la calle, lanzar un comunicado en el que “confesar que no es legítimo enfrentar a los ceutíes por razón de credo, raza o cultura con fines partidistas o electorales”. Eso es lo que antiguamente se llamaba ‘tirar la piedra y esconder la mano’, puesto que se permite la difusión de tal cantidad de barbaridades que están terminando por enfrentar y calentar a la población.
Esto no es un colegio en el que el maestro te pone de castigo pedir perdón al compañero y luego redactar en un papel la promesa de no volver a hacerlo. Esto es un Pleno integrado por personas que están para representar a todos los ceutíes y que, por eso mismo, deben tener un comportamiento ejemplar. Y eso no pasa por comprobar quién es más machito que otro, por amenazarse con ‘verse en la calle’ o con prometerse próximas venganzas. Ese tipo de comportamiento vale para las pandillas de barrio pero no para quienes ejercen una función pública representando a todos los ceutíes. Si están ahí es porque su función es no solo la de representarnos sino también la de sacar adelante propuestas que mejoren el nivel de vida de los caballas.
Eso, desde luego, no lo están consiguiendo. Muy al contrario, han conseguido que se difunda la peor de la imagen política que podíamos dar. Para eso sí que se han unido no todos, pero casi.
A mí sinceramente me da igual que algunos diputados sean un forúnculo en el culo, que otros sean payasos o capos... si lo son en la intimidad de su hogar o en la calle. Pero no ejerciendo una función pública, costeada por todos, con unos deberes concretos y con una única misión: la que hicieron pública al jurar sus cargos. Los ceutíes tenemos demasiados problemas como para tener una clase política tan bajuna que ni siquiera es capaz de comportarse, que lleva incluso las respuestas a los insultos escritas en un papel como si fueran críos de guardería, que pierde los nervios a base de gritos, insultos y un tono chulesco para lo que ni les hemos votado ni queremos que nos representen.
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