La visita del ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, a Ceuta ha dejado con buen sabor de boca a la ciudad.
Primero porque Escrivá incidió con rotundidad en querer colaborar firmemente con el futuro de Ceuta. Algo que se verá reflejado en hechos y no solo en palabras con la puesta en marcha de un plan estratégico en el mes de junio donde establecer las líneas de actuación más imperantes en las que se tiene que implicar el Estado.
Fue satisfactorio, además, escuchar al ministro hablar, con cercanía hasta con cariño tras lo sucedido en la crisis de mayo en la ciudad, valorando el comportamiento de los que poblamos Ceuta y comparando el episodio en gravedad con lo ocurrido con el volcán de La Palma. Palabras que reconfortan y que son tomadas con agradecimiento.
El ministro quiso contentar a todos y lo consiguió reuniéndose con cuantos lo solicitaron y poniendo a su equipo a trabajar para escuchar los problemas de Ceuta y llevárselos de vuelta a Madrid para, esperemos, tomar cartas en el asunto.
Los trabajadores transfronterizos también fueron recibidos, teniendo por fin la oportunidad de contar su crítica situación a alguien del Gobierno central y recibiendo la mejor de las noticias posibles: su situación va a ser estudiada.
Escrivá dio ejemplo de cómo tiene que hacerse una visita ministerial y lo hizo con talante y con una sencillez y cercanía que dicen mucho de este político y que bien pudiera servir de espejo a otros muchos.
No olvidó en su visita pedir a los ceutíes que se alejen de los bulos por ser una fuente inagotable de inseguridad para todos los que vivimos en esta ciudad en la que ayer sentimos el respaldo del Gobierno de nuestro país de manos de un ministro que vino con ganas de trabajar.







?