Anne Sylvestre (1934-2020) es una cantante francesa a la que la crítica denominó “la gran dama de la canción”. Con unos 50 trabajos grabados (casi la mitad destinados a niños), Anne Sylvestre es una autora-compositora a la que conviene leer y escuchar con detenimiento, tanto por su sensibilidad como por su ternura y sus mensajes tanto intimistas como reivindicativos.
Se la compara con Georges Brassens y se le premia por muchos de sus textos. Esta cantante comparte escenarios y platós de televisión con artistas de renombre internacional, y no deja de trabajar hasta que la muerte decide llevársela un 30 de noviembre del año 2020.
En 1985 escribe la canción “Escribir para no morir” en un álbum homónimo. Un tema que ya es historia de la música francesa.
Anne Sylvestre, confiesa años más tarde que esta canción no fue una casualidad, ni un título fácil o tan siquiera un recurso poético. Todo lo contrario. En una entrevista relató que el texto de la canción lo escribe mientras le están dando sesiones de quimioterapia. Aseguró también no haber querido decir nada para que nadie tuviese la tentación de apiadarse de ella.
“No es una metáfora, ni mucho menos -asegura en la misma entrevista. Aquello fue un acto de rebeldía frente a una enfermedad que, cual espada de Damocles, amenazaba con llevarme a la tumba. Escribir me permitió vivir porque escribir no me dejó morir”. Contundente. Real.
¿Escribir para no morir?
En las guerras, en cualquier clase de guerra, cada cual encuentra su forma de resistir. Para ella fue la escritura. Para mi también.
Sin poder, ni querer, compararme con Anne Sylvestre, debo decir que utilizar la pluma, en mi caso el teclado del portátil, es una de las maneras que tengo de pelear contra el cáncer.
No sabría decir si es liberador o tan simplemente un acto de rebelión frente a una enfermedad terrible que anunció su llegada en el momento más inoportuno…como si existe un momento oportuno para que te digan que tienes cáncer. Resulta que, como dice mi Hermano Jesús, nunca te toca nada, pero el día que gamas es el premio gordo, y encima sin haberlo pedido ni deseado. Así, pasamos a ser protagonistas de una historia de la cual, se lo puede imaginar, nos habríamos pasado totalmente.
Así, además de apoyarme, obviamente, en un personal sanitario de lujo (mi reconocimiento para todos ellos), y en mis compañeros de la Asociación Española Contra el Cáncer y su impresionante labor, tengo el lujo de contar con quienes me quieren fuerte y nunca me dejan caer. No obstante, a veces la tentación es tan fuerte que, con dejarse llevar tan solo un poco, sería suficiente para perderse en las mazmorras del olvido.
Ese apoyo incondicional de todos los citados, sin fisuras, sin quiebros raros y ese amor de quienes siempre están cerca, estén donde estén, son lo que nos permite, a los enfermos oncológicos, seguir un poco más. Una sesión más. Un día más. Una Vida más.
Después, cada cual se busca una motivación o un porqué. El mío es escribir, casi a diario, en las páginas de El Faro de Ceuta, que me presta su espacio como se abren las puertas de par en par. Considero al decano como mi casa, mientras mi blog es la vuestra.
Mis compañeros de quimio no se dedican a leer o a mil cosas más para que nadie se apiade de ellos, ni mucho menos. Lo hacen porque es una manera de seguir caminando, de continuar con el rumbo puesto a la vida. Yo escribo por las mismas razones.
Juntar letras espanta los demonios, elaborar párrafos hace que el veneno curativo que corre por tus venas llegue mejor a destino. Terminar un “A QUEMARROPA” siempre se transforma, debo reconocerlo, en un descarnado mensaje en una botella para todos pero que, paradojas de la vida, no es leído por ese alguien a quien te gustaría que le llegase. Son frases cargadas de rebeldía frente al cáncer y las injusticias, son escritos que reivindican las ganas que tenemos de vivir de pie, enfermos de cáncer o no.
En todo caso, gracias miles a quienes tienen la paciencia de leer estos artículos disparados “A Quemarropa”. De corazón.
Anne Sylvestre lo expresaba así:
“Escribir para no morir
Escribir ternura o placer
Escribir para intentar decir
Decir todo lo que he entendido
Decir el amor y el desprecio
Escribir para salvarme del olvido
Escribir para contar
Escribir en lugar de lamentar
Escribir y no olvidar nada
Incluso inventar algunos sueños
De los que te impiden reventar
Cuando la escritura se acaba un día”.
Decía mi mañica preferida que el amor todo lo podía, y que el más fuerte de todos los amores era el amor a la vida. Eso lo suscribimos todos los enfermos oncológicos, aunque hay que admitir que no siempre es tarea fácil.
Al igual que mis compañeros, considero que rendirse no es una opción y que, parafraseando a Sabina, pretendemos que el fin del mundo nos pille bailando y a mí, además, escribiendo.
Os deseo mucha salud.
Nos leemos mañana.
Mientras, la reflexión es suya.
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