La Guardia Civil volvió a sacar a decenas de inmigrantes del agua para evitar que murieran ahogados. Siempre lo he pensado, qué poco vemos de lo que realmente sucede en el mar. Si supiéramos en las condiciones extremas en las que trabajan los guardias civiles y cómo suceden milagros de manera constante muchos cambiarían su modo de pensar.
Lo que no se ve o no se cuenta parece que no existe. Pero en esta frontera sur suceden demasiadas cosas. No hay otro punto más tensionado ni con tantísima presión como Ceuta. No hay otro punto en el que se produzcan más burlas a la muerte que aquí, burlas porque hay quienes se empeñan en que sucedan, salvando a los que se arrojan a un mar imposible.
Cada temporal se aprecia en el mar y en ese oleaje en el que los componentes del Instituto Armado se juegan la vida para que no haya nuevas tragedias. Y miren que llevamos, ya no solo las que se han narrado en Ceuta, casi 50 muertos el año pasado y 9 en lo que llevamos de 2026. También la cuenta de desaparecidos que no tiene su punto y final.
Y eso sin mentar lo que sucede al otro lado de la frontera, los muertos que allí no se publican, ni tampoco se identifican porque en Marruecos ni hay registros ni se tienen en cuenta las denuncias.
De esto, de lo que pasa en la frontera sur, hay que hablar porque es la única forma de que se dispongan las soluciones diplomáticas debidas para acabar con esta sangría. Las escenas no cambian, pero los discursos sí deben hacerlo.






