La imagen habla por sí misma. Un carril de vehículos. Supuestamente habilitado para el tránsito de los coches, para facilitar una comunicación racional y acorde con el país vecino... ocupado por cientos de personas. La frontera cerrada. Sometida a las órdenes dispensadas por el vecino país. Situaciones de riesgo que deben ser controladas por las fuerzas de seguridad españolas sin que tengan unos patrones definidos. ¿Por qué? Resulta sencillo responderlo: porque las órdenes a pie de Tarajal no las da España. La frontera o lo que quedaba de ella ha quedado desdibujada por completo. No hay reglas ni órdenes, los cierres se ejecutan a impulsos, las personas ocupan los carriles no habilitados para ellas en el tiempo en que el vecino país lo estipula. Y así, durante toda la jornada, durante toda la tarde, Ceuta queda bloqueada porque sí, sin que haya autoridad española que pueda explicarlo o que pueda poner cierto orden. Nos cuentan, solo eso, que hay soluciones, que se van a poner medidas. Que si hay un plan que pronto veremos... que si la zona de embolsamiento solucionará el problema... ¿pero de qué hablan?, ¿son medidas paliativas cuando el que haya colapsos y retenciones depende de las órdenes dadas desde el otro lado?, ¿qué pueden hacer los agentes de las fuerzas de seguridad para contener una masa de personas que no depende de ellos? Es increíble que el funcionamiento o no de una arteria vital dependa de decisiones que superan a Ceuta y al resto de España pero cuyas consecuencias, cada vez más sangrantes, las sufran todos los ciudadanos de este lado del paso.






