La Batería de Valdeaguas es una fortificación militar situada en la costa norte de Ceuta, integrada en el sistema defensivo del Campo Exterior y construida para proteger el litoral y controlar el paso marítimo del Estrecho.
Su origen se remonta a finales del siglo XIX, aunque el emplazamiento experimentó diferentes reformas y adaptaciones durante el siglo XX para responder a la evolución de la artillería costera.
Durante años fue una instalación militar en activo. Sin embargo, hoy permanece abandonada pese a los distintos proyectos planteados para recuperar este singular enclave como recurso patrimonial.
En su lugar, el deterioro y la acumulación de residuos se han convertido en la imagen habitual de uno de los espacios históricos más desconocidos de la ciudad.
¿Por qué se construye esta batería?
Para comprender por qué se construyó la Batería de Valdeaguas y el resto de grandes artillados de Ceuta es necesario remontarse a finales del siglo XIX.
Como explica Juan José Contreras, “los grandes artillados de Ceuta aparecen por la creación de un arma nueva, los acorazados. Cuando aparecen este tipo de barcos, lo que existía eran los cañones de bronce y dejaron de tener su efectividad. Se necesitaban cañones con una potencia y un alcance que pudiesen luchar contra este tipo de armas”.
Por este motivo, “se hicieron cuatro grandes artillados de gran calibre”, complementarios entre sí, que tenían como función “proteger el puerto, un punto vital” de la ciudad.
Además de Valdeaguas, este sistema defensivo estaba formado por Punta Negra, actual Residencia Militar Galera; Torremocha, donde hoy se encuentra el Club Infanta Elena; y El Pintor, situado en la parte alta del Recinto y desde el que, según Contreras, “tenía fuego sobre las dos baterías”.

El origen de Valdeaguas
Para conocer la historia de la batería de Valdeaguas hay que remontarse a finales del siglo XIX. Concretamente, a la década de 1880.
En 1882, según se recoge en uno de los libros publicados por Juan José Contreras, La Artillería de Costa en Ceuta, origen y evolución (2007), “se aprueba por R.O. de 5 de septiembre el envío a Ceuta de un cañón Krupp de 26c/m, y dos años después se aprueba por R.O. de 6 de mayo el envío de otros dos del mismo fabricante y mismo calibre”.
A raíz de eso, en 1884, se inicia el proyecto de la Batería de Valdeaguas, que se construyó entre 1885 y 1888. Más tarde, en 1900, se redactó un segundo proyecto de reforma para ampliar la batería.
Esta actuación contemplaba la construcción de una tercera plataforma destinada a albergar otro cañón Krupp 26c/m, que sería trasladado desde la batería de Punta Negra.
Y es que, en un primer momento, la batería contaba con dos piezas Krupp de 26 c/m, pero posteriormente “deciden traer la tercera pieza” del mismo calibre para agruparlas y formar una unidad de tiro.
De este modo, “transcurrieron ocho años desde que se proyectó la batería de Valdeaguas hasta que esta artilló tres cañones de las mismas características balísticas para formar unidad de tiro, o lo que es lo mismo, que todas las piezas tuvieran la posibilidad de batir un objetivo con los mismos datos de tiro”.
En otras palabras, los tres cañones podían disparar de manera coordinada contra un mismo objetivo utilizando los mismos parámetros de alcance, dirección y elevación.
¿Qué papel jugó la batería de Valdeaguas?
La batería de Valdeaguas estuvo en activo durante muchas décadas, aunque “acciones de fuego no se le conocen”, más allá de los ejercicios de tiro o los entrenamientos de munición que realizaban los artilleros.
Así, poco a poco, y dado que “la artillería evolucionó a finales del siglo XIX de una forma bárbara, estos cañones fueron quedando en desuso durante el siglo XX, encontrándose prácticamente taponada y pendiente de desartillado en 1936, al inicio de la Guerra Civil Española”.
“Sin embargo, las necesidades de defensa de la orilla sur del Estrecho ante un posible desembarco de los aliados provocaron que estas piezas fuesen aprovechadas de nuevo para el artillado de la batería K-11 de Yebel Tala en 1941”, relata Contreras en su libro La Artillería de Costa en Ceuta, origen y evolución (2007).

Datos de la instalación militar
Sobre la batería de Valdeaguas, cabe destacar que “el primer nombre que se le dio fue el de Santa Catalina Baja. ¿Y por qué terminó con Valdeaguas? Porque ahí había una presa en el siglo XVIII, que luego cuando quedó como un valle y recibió todas las aguas se comunicó por debajo de la batería esa salida de aguas al mar”.
También “porque los topónimos que se le dan siempre están relacionados con lo que le rodea”, indica Contreras.
Desde el exterior apenas se deja entrever la complejidad que esconde bajo tierra. Tras los muros de la batería se abre una red de galerías excavadas en la roca que comunica almacenes, polvorines, alojamientos y dependencias militares distribuidas en varios niveles.
En cuanto a sus dimensiones, cabe destacar que contaba con una superficie de 6.990 m², a lo que hay que sumarle dos niveles por debajo con las dependencias necesarias para garantizar el funcionamiento de la instalación y la permanencia de la guarnición durante largos periodos.
Según se extrae del libro La Artillería de Costa en Ceuta, origen y evolución (2007), de Juan José Contreras, en la planta baja del través situado entre la primera y la segunda pieza se encontraban dos bóvedas destinadas al alojamiento de la tropa, con capacidad para una treintena de militares. En la planta principal se habilitó, además, un cuarto reservado para el oficial al mando.
La instalación contaba también con otros espacios que servían como repuestos y almacenes para el servicio de municiones.
Así, en la planta principal del mismo través estaban los locales destinados a repuestos de piezas, los almacenes de pólvora y confección de cargas, proyectiles cargados y taller para su preparación.
En el través entre la 2ª y 3ª piezas había dos locales a prueba de 9 m² cada uno, unidos por una galería también a prueba para cartuchos hechos y proyectiles cargados; otro local al extremo de la galera se destinaba a estopines y espoletas de la 3ª pieza.
La batería de Valdeaguas se completaba con varios almacenes para víveres, material y proyectiles vacíos, lo que permitía a la batería mantener un importante grado de autonomía operativa.
Un lugar desconocido para muchos ceutíes
Pese a su importancia dentro del sistema defensivo de Ceuta, la Batería de Valdeaguas sigue siendo una gran desconocida para buena parte de la ciudadanía.
Y, como subraya Juan José Contreras, “más desconocidas todavía son las posibilidades tan enormes que tiene esta batería para el conjunto de la ciudad, tanto turístico como de instalaciones”.
Un ejemplo de ello es que “en Mallorca los mejores hoteles están en las baterías de costas. Hoteles de 3.000 euros la noche. Yo creo que cuando no se tienen unas ideas muy acordes con lo que se quiere hacer, entonces hay que buscar lo que han hecho en otro sitio y aquí se debería de mirar a otro sitio porque poca idea hay”.
Los proyectos que nunca llegaron a materializarse
Para poner en valor este espacio histórico militar, un grupo de artilleros, entre los que estaba Juan José Contreras, “intentamos recuperar esta batería y se llegó a firmar con la Ciudad y el Ministerio de Defensa un acuerdo por el que se convertiría en una zona de recreo, recuperando piezas de museo para convertir esto en un centro de recreo acorde con las necesidades de la ciudad”.
Sin embargo, eso nunca ha llegado a materializarse a pesar de las posibilidades que ofrece.
Lo que sí se ha recuperado hace muy poco, por parte de Acemsa, es “lo que era el pasadizo que cruza desde un lado de la carretera, desde el Val, hasta el mar. Se puede ir a pie por él”, añade.
Valdeaguas, un patrimonio que aún espera su reconocimiento
Más de un siglo después de su construcción, la Batería de Valdeaguas continúa vigilando el Estrecho, aunque ya no lo hace con cañones ni con soldados.
Hoy permanece en silencio, esperando que algún día sus galerías, sus plataformas de tiro y su historia dejen de ser un patrimonio olvidado para convertirse en un espacio abierto a los ceutíes.
“Hay muchísimas posibilidades y no hay que mirar al pasado. Soy de los que digo que, lo que es importante, hay que mirar al futuro y ver qué provecho se le puede sacar. A lo mejor es que a mí me pierden mis sentimientos de artillero, pero lo digo con toda la honestidad del mundo: Creo que es un error enorme el tener esto abandonado”, concluye Contreras.





