La voz de Hailey Tuck inundó ayer el Revellín para devolver por un momento a su público a los años 30 del Siglo XX.
Texana, de recia educación baptista y militar, la estadounidense que pisó ayer Ceuta es para los críticos una especie de reencarnación de la mejor tradición del jazz universal. El día internacional de esa mítica disciplina musical, con raíces y garra acumulada, es lo que celebraba ayer la Consejería de Educación, Cultura y Mujer con la organización del concierto. Tuck demostró por qué los críticos la consideran heredera de las grandes divas y maestros del jazz. Una voz que destila pasión e invita a navegar por su universo propio mientras se deja acompañar por la dulzura del piano o una batería suavemente golpeada. Dicen los críticos que ese sonido que emana entronca con Billie Holiday y Ella Fitzgeral, dos gigantes que incluso imita con su vestimenta. También la colocan en paralelo a su compatriota de origen ruso Regina Spektor. Heredera de unos o articuladora de su estilo propio, su música con sello propio sedujo anoche al aproximadamente medio teatro que acudió a verla. Nacida y criada en Austin, la capital de Texas, su vida cambió cuando al cumplir los 18 años sus padres le regalaron dinero con el que completar su educación. Y Hailey Tuck hizo lo que haría cualquier adolescente enamorada del jazz de los años 30: se compró vestidos vintage y un billete a París. En la capital francesa pasó sus días en tiendas de discos y sus noches en bares de jazz, donde se convirtió en una de las favoritas de la escena underground, cautivando a su público con clásicos como My funny Valentine y sorprendiendo con versiones de temas como Tell him no, de The Zombies, Don’t think twice, de Bob Dylan, y Sunday morning, de Maroon 5. Algunos sonaron ayer en el Revellín. Tuck decidió volver a Austin, pero ese viaje a la capital francesa cambió su vida porque supo que quería convertirse en cantante. En su ciudad natal comenzó a actuar en clubes de jazz, incluyendo el legendario Elephant Room. Año y medio meses después, Hailey había ganado suficiente dinero como para grabar su primer EP en una compañía de discos local, con el que logró dar su gran salto y decidió volver a establecerse en París para continuar con su camino.






