Categorías: Colaboraciones

Elogio a la lentitud

Hace poco terminé de leerme el libro de Carl Honoré “Elogio a la lentitud”. Viene a ser algo así como la biblia del movimiento slow, una tendencia que engloba muchos aspectos de la vida cotidiana y sugiere evitar el continuo ritmo de vida acelerado que llevamos en beneficio de un ritmo más lento y pausado. Con esto conseguimos una conexión más profunda con otras personas, con nuestro entorno y con nosotros mismos, alcanzando una vida más plena y equilibrada.

Este libro le vino a la mente al autor cuando se encontraba continuamente acelerado, hasta tal punto de darse prisa para acabar de leer cuentos a sus hijos lo antes posible, y fue entonces cuando de repente se paró a pensar y se dio cuenta de que su apresurada vida le estaba superando.
Elogio a la lentitud relata cómo, desde muchos siglos atrás, vivimos continuamente al ritmo que marca el reloj. Esto implicaba considerables beneficios para las civilizaciones que adoptaron en primera instancia ya que ayudaba a poder organizarse mejor. Sin embargo, la vida cotidiana de la época moderna a menudo se convierte en una constante carrera de locos que en muchos casos llega a afectar a la salud mental de las personas.
Honoré relata muchos ejemplos de personas, comunidades y ciudades que han decidido dar un giro a sus vidas optando por un ritmo más lento y alcanzando una salud más equilibrada. Esto no quiere decir que todos tengan un estilo de vida completamente pasivo (el propio autor sigue teniendo una agenda apretada), sino que, por ejemplo, el simple hecho de desconectar el móvil a ciertas horas del día ya les supone pausar su ritmo, conectar mejor con otras personas y encontrar mayor bienestar.
La publicación de este libro ha contribuido al auge del movimiento slow en diferentes ámbitos por muchos rincones del mundo (www.slowmovement.com), que supone un gran cambio cultural con un potencial enorme. Mucha gente está eligiendo esta filosofía para cambiar su estilo de vida, su forma de viajar, la forma en la que educa a sus hijos o en la forma que se relaciona con otras personas. Entre otras cosas, el slow movement aprecia la artesanía, la gastronomía de calidad, el patrimonio cultural local, lo autóctono, la tradición y los productos locales.
Sin embargo, a menudo estos cambios culturales no son fácilmente palpables porque la sociedad en la que vivimos está empapada de rapidez y asocia todo lo rápido a algo positivo, mientras que la lentitud tiene connotaciones negativas.

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